Carlos Moreta

Scott Rolen ha resultado en el único elegido al Salón de la Fama dentro de la clase del 2023, un acto de justicia para quien había sido marginado durante sus primeros cinco años de aparición en la boleta de los escritores.

Rolen, un tercera base que saltó de la escuela secundaria hasta el ecosistema de las Grandes Ligas, protagonizó una de las carreras más destacadas entre peloteros de su posición luego de ver acción en 17 temporadas, haciéndose de un palmarés que incluye ocho premios como Guante de Oro.

Nada ha cambiado desde que el nativo de Evansville figuró por primera vez en la hoja de votación, aunque su nombre fue rotundamente ignorado pese a redondos numeritos como fue su marca vitalicia de 70.1 en el WAR, superando la cifra promedio en dicho apartado entre representantes de la esquina caliente que recibieron el sí a la inmortalidad (68.3).

Rolen carga en sus espaldas con la reputación de uno de los mejores antesalistas defensivos a lo largo de la historia del béisbol, quien plasmó en sus años activos el registro de 175 Carreras Salvadas (Rfield, en versión de Baseball-Reference).

Como bateador, las estadísticas de acumulación como porcentajes relatan de gran forma lo logrado por el siete veces All-Star, posteando 517 dobles y 316 cuadrangulares, mientras un OPS+ (promedio de embasado más slugging ajustado a la media) de un llamativo 122.

La evolución de pensamiento de quienes eligen a los nuevos inquilinos de la inmortalidad debería estar llamada a ser objeto de estudio por su radicalidad, pues resulta incomprensible que cinco años atrás el planteamiento haya sido uno totalmente opuesto a las razones que hoy llevan a Rolen hasta ser exaltado.

El expelotero calzaba los zapatos de un miembro de Cooperstown desde que puso fin a su carrera, aun cuando la búsqueda por la quinta pata al gato prolongó las cosas por mayor tiempo del que debió ser.

Rolen verá su trayectoria inmortalizada durante una ceremonia el próximo 23 de julio.