
Las mujeres podrían perder aún más terreno en la Suprema Corte de Justicia (SCJ) con la nueva conformación que deberá completar el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), aunque su presencia en el alto tribunal ya era minoritaria y estaba muy lejos de reflejar el peso que tienen dentro de la judicatura dominicana.
De las cinco mujeres que integraban la Suprema desde diciembre de 2025, solo Miguelina Ureña Núñez y Yorlin Vásquez Castro tienen asegurada su permanencia. Nancy Salcedo Fernández y María Garabito Ramírez decidieron no someterse a la evaluación para permanecer otros siete años, mientras Vanessa Acosta Peralta sí acudió al proceso, pero no fue confirmada.
El CNM ratificó el martes a cinco de los siete jueces sometidos a evaluación, todos hombres, y dejó en seis las vacantes que tendrá que llenar en la próxima etapa del proceso.
Eso significa que el Consejo tendría que escoger al menos tres mujeres entre los seis nuevos integrantes, la mitad de las plazas disponibles, para que la Suprema vuelva a tener las cinco magistradas con las que inició este proceso.
Con tres nuevas mujeres, quedarían otra vez en cinco de los 17 miembros, equivalentes al 29.4 %. Si son dos, la representación femenina bajaría a cuatro, un 23.5 %; con una serían tres, un 17.6 %, y si ninguna resulta seleccionada, quedarían apenas dos, el 11.8 %
La eventual reducción no partiría de una situación de equilibrio. Las mujeres nunca han alcanzado siquiera un tercio de la matrícula regular de la Suprema desde que comenzaron a ocupar efectivamente puestos en esa alta corte, pese a que actualmente constituyen la mayoría de quienes imparten justicia en los demás tribunales.
A marzo de 2025, el Poder Judicial registraba 459 juezas entre 737 magistrados, equivalentes a poco más del 62 % de la judicatura. Sin embargo, en la Suprema eran entonces cuatro de 17 y, tras las designaciones de diciembre pasado, aumentaron a cinco.
Todo comenzó en 1997
La presencia femenina efectiva en la Suprema comenzó hace menos de tres décadas.
Existe un antecedente de Margarita Tavares, a quien una publicación histórica del Poder Judicial identifica como la primera mujer designada jueza de la Suprema, en 1965, durante la Guerra de Abril, aunque califica aquella designación como simbólica.
La ruptura efectiva ocurrió en 1997, cuando el primer CNM creado tras la reforma constitucional de 1994 escogió a cinco mujeres: Margarita Tavares, Ana Rosa Bergés Dreyfous, Eglys Margarita Esmurdoc, Enilda Reyes Pérez y Dulce María Rodríguez de Goris.
La Suprema tenía entonces una matrícula legal de 16 miembros, por lo que las cinco mujeres representaban el 31.25 %. Desde entonces ese nivel proporcional nunca ha sido superado.
En aquel entonces la Constitución establecía la inamovilidad de los jueces y no existía el actual sistema de evaluación cada siete años.
Ese modelo cambió con la Constitución de 2010, que dispuso que los jueces de la Suprema fueran evaluados por el CNM al término de siete años y ordenó evaluar también a quienes ya formaban parte del tribunal.
Salieron cuatro
La primera gran recomposición bajo el nuevo esquema ocurrió en 2011 y dejó un dato particular sobre la representación femenina.
De las cuatro mujeres de la antigua Suprema que fueron sometidas a evaluación, tres no fueron confirmadas: Ana Rosa Bergés Dreyfous, Eglys Margarita Esmurdoc y Enilda Reyes Pérez. Solo Dulce María Rodríguez permaneció.
Sin embargo, esto no redujo finalmente el número de mujeres, porque el CNM incorporó a otras cuatro: Miriam Germán Brito, Esther Elisa Agelán Casasnovas, Martha Olga García Santamaría y Sara Henríquez Marín.
La nueva Suprema quedó así con cinco mujeres entre 17 integrantes, equivalentes al 29.4 %, prácticamente el mismo número que había alcanzado catorce años antes.
La caída del 2017
El primer retroceso numérico importante se produjo en 2017, aunque no como consecuencia de una evaluación general por vencimiento de períodos, sino al llenarse vacantes producidas dentro de la Corte.
Entre quienes salieron se encontraban Dulce María Rodríguez y Martha Olga García, mientras que entre los nuevos integrantes solo fue escogida una mujer, Pilar Jiménez Ortiz.
La Suprema pasó entonces de cinco a cuatro mujeres de 17, reduciendo su representación al 23.5 %.
