
Pasado el mediodía, Augusto retorna en bote a la orilla del Refugio de Vida Silvestre Laguna Saladilla, en la comunidad de Carbonera, Montecristi, un área que durante décadas ha servido como fuente de sustento para sus habitantes mediante la pesca.
El resultado de su jornada se repite desde hace varios años: media cubeta de tilapias u otros peces de valor comercial y decenas de ejemplares del «pez diablo» o «pleco» (Pterygoplichthys pardalis), una especie exótica que, de acuerdo con las autoridades, constituye uno de los principales problemas de la pesca continental en el país por la rapidez con la que se reproduce.
Aunque se desconoce exactamente cómo llegó el pez a la laguna, las autoridades aseguran que la especie fue introducida inicialmente con fines ornamentales por su capacidad para controlar el crecimiento de algas en acuarios.
Con el paso de los años, la liberación intencional o accidental de los ejemplares en diversos cuerpos de agua favoreció las poblaciones silvestres que se ven en la actualidad.
«Hace unos seis años yo sabía coger hasta seis cubetas de tilapias, ahora uno tira las redes y coge 10 cubetas de este (pez diablo) y quizás una de carpa», relata Fermín, otro pescador de la zona.
Al comparar ingresos, explica que la cubeta de tilapia (unas 22 libras) se vendía en unos 1,600 pesos, mientras que en la actualidad logran ingresos que no superan los 400 pesos.
Hasta hace casi un año, los pescadores retiraban estos ejemplares de las redes y los abandonaban en la orilla de la laguna, donde se secaban al sol. Ahora, miembros de la Asociación de Pescadores de Laguna Saladilla desarrollan un proyecto nacido de la cooperación internacional y aún experimental, para convertirlos en harina y generar una fuente complementaria de ingresos.
80 %
de los pescadores consultados por Codopesca considera que el pleco representa un problema para la actividad pesquera.
Así se produce la harina
A pocos metros del acceso a la laguna se encuentra el centro de procesamiento, instalado en antiguas viviendas de trabajadores de un acueducto. El lugar fue acondicionado y se instalaron equipos para cocer, secar y moler los peces.
Durante sus jornadas, los pescadores separan las especies comercializables de los plecos, que depositan en sacos o cubetas. Luego, los hierven durante unos minutos para evitar que se desintegren y los colocan sobre plataformas, donde permanecen expuestos al sol durante unas 48 horas. En ese periodo deben voltearlos con regularidad para lograr un secado uniforme.
Una vez alcanzado el nivel de humedad requerido, los peces se introducen enteros en una trituradora equipada con cedazos que permiten variar el grosor de la harina. No se retiran la piel, las vísceras ni otras partes.
Unas cuatro libras de pescado producen aproximadamente una libra de harina. «Queremos aprovechar los residuos para usarlos como biol (abono orgánico líquido)», indicó Lenin Inoa, presidente de la Asociación de Pescadores de Laguna Saladilla.
Un proyecto nacido de la cooperación
La iniciativa fue ejecutada durante diez meses por la fundación italiana AVSI, con financiamiento y acompañamiento técnico de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA). También participaron el Ministerio de Medio Ambiente, pescadores, ganaderos, agricultores, escuelas y otras instituciones.
Diana Montero, coordinadora de programas de AVSI República Dominicana, y Benigno Toribio, coordinador del proyecto en Carbonera, explicaron que el objetivo es transformar una especie considerada perjudicial en un recurso aprovechable. La harina se prueba como suplemento para el ganado y como abono orgánico para cultivos.
Los intentos de la comunidad de buscar soluciones a la proliferación de la especie no se remontan al año pasado. Inoa señaló que los pescadores habían solicitado ayuda a la JICA unos ocho años antes del inicio del proyecto para hacer frente al pez.
