En México, el comienzo del Mundial de fútbol se vio marcado por situaciones contrastantes. Mientras en el histórico estadio Azteca todo era fiesta, música y deporte, en las calles, varios grupos protestaban por problemáticas minimizadas o invisibilizadas sistemáticamente por el Estado mexicano. Entre ellas se destacaban las de colectivos de madres buscadoras, que se enfrentaron a los cercos policiales que trataban de acallar sus clamores por más de 130,000 desaparecidos. Las imágenes dieron la vuelta al mundo.

En redes sociales también surgió la campaña «La violencia contra las mujeres no es parte del juego», para crear consciencia sobre los altos índices de feminicidios en el país. Tan solo en México, el 43,9% han sufrido las agresiones de sus esposos o parejas, que suelen agudizarse en los grandes eventos deportivos, como denuncia la Red Nacional de Refugios. Esta problemática afecta a todos los países de América Latina.

Justamente, una semana antes del inicio del torneo mundialista, en Argentina miles de personas salieron a las calles para protestar por el feminicidio de Agostina Vega, de 14 años, cuyo cuerpo apareció en un descampado de la ciudad de Córdoba

El asesinato de dos mujeres más se sumó a la indignación de la ciudadanía y de grupos feministas que luchan por los derechos de las mujeres. Sin embargo, el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina presenta una cuestionada baja de 12,3 % en el índice de los casos durante 2025, con respecto al año anterior. «Frente a hechos de esta gravedad, el Estado no puede mirar para otro lado. Reconocer el femicidio es clave para entender que no se trata de homicidios comunes, sino de violencia estructural que exige políticas públicas específicas», expresó en un comunicado Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.

Las declaraciones del fiscal de Córdoba, Raúl Garzón, quien lleva el caso de Agostina Vega, solo alimentaron la indignación de grandes sectores sociales. Primero, evitó calificar el crimen como feminicidio. Luego, le dio mérito a los perros de búsqueda que dieron con los restos de la menor. «Hay que entregarles una medalla de distinción», afirmó. La exconcejal Laura Vilches lo increpó al decirle que podía «ahorrarse el cinismo», porque era «una payasada» lo que estaba haciendo.

Para Aimée Zambrano, coordinadora del Monitor de Feminicidios Utopix, con sede en Venezuela, el asesinato de Vega fue la gota que derramó el vaso de la grave violencia que sufren las argentinas. Afirma que su historia está siendo tan relevante como lo fue en 2015 el feminicidio de Chiara Páez, otra adolescente de 14 años, que dio origen al movimiento Ni una menos. Además, señala Zambrano en conversación con CONNECTAS, la actitud del fiscal Garzón «es un indicador del tipo de gobierno, el tipo de ideas que ahora hay en Argentina y que vienen de la mano de negar los derechos de las mujeres y de negar que existe un Estado patriarcal, y de negar que hay un tratamiento diferenciado desde lo masculino hacia lo femenino».

En efecto, el gobierno de Javier Milei decidió recortar hasta casi en un 90 % el presupuesto para prevenir la violencia de género, mientras eliminaba el programa Acompañar así como la Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género. «El Gobierno libertario optó por desfinanciar y suprimir, evitando contemplar que las iniciativas ahora vaciadas eran el resultado de una larga historia y que surgieron para dar respuesta a un problema estructural que persiste y que exige presencia estatal», publicó el diario español El País.