
La justicia española investigaba desde hacía meses al entorno del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, pero solo con su reciente imputación, la izquierda de ese país acusó por fin el golpe. Tras las primeras reacciones de incredulidad y negación, las caras más conocidas de los partidos progresistas comenzaron a hacerse una pregunta. ¿Y si es cierto que Rodríguez Zapatero movió los hilos para que el gobierno de España aprobara un millonario préstamo a la aerolínea Plus Ultra, de capital venezolano?
Lo expresó con crudas palabras el diputado Gabriel Rufián, miembro de la coalición parlamentaria que gobierna en España, cuando increpó al presidente Pedro Sánchez: «La pregunta que yo le hago, señor presidente, es ¿donde acaba el lobismo y empieza el tráfico de influencias? Si esto es verdad, es una mierda. Si esto es mentira, es una mierda aún mayor que hemos visto demasiadas veces, pero que merece una respuesta».
El terremoto que ha significado este caso en España se siente también, con fuertes réplicas, fuera del Viejo Continente. La razón: el episodio vuelve a encender una alarma en cuanto a la vinculación persistente entre figuras de la izquierda española y los regímenes de esa orientación en América Latina. La imputación a Rodríguez Zapatero recuerda la agenda poco transparente que ha llevado a expresidentes, parlamentarios, exjueces, dirigentes de partidos emergentes y de otras instituciones políticas españolas a mediar o asesorar en ciertos procesos políticos al otro lado del charco.
Para el analista político Francisco Sánchez, ellos ven en la izquierda latinoamericana una épica que ha alimentado procesos históricos como la Revolución Cubana, el zapatismo en México y el chavismo en Venezuela. «Eso conecta con la historia de América Latina. Toda la idea del Nuevo Mundo, la idea de la utopía del hombre nuevo», dijo a CONNECTAS.
Sin embargo, como afirma el experto Fernando Pedrosa en un análisis publicado por Diálogo Político, ciertas izquierdas latinoamericanas justifican la concentración del poder, la erosión de los contrapesos institucionales y, en general, una deriva autoritaria para alcanzar objetivos mayores como la justicia social, el antiimperialismo y la redistribución de la riqueza. De ese modo, los izquierdistas españoles terminan por aceptar esas políticas antidemocráticas como algo imperativo en América Latina.
