Antes de que estalle en el aula, la violencia ya ha echado raíces en el hogar. Ante los casos recientes de conflictos escolares, consumo de drogas dentro de los recintos educativos e incluso muertes entre estudiantes, la exasesora del Departamento de Orientación y Psicología del Ministerio de Educación, Betty Reyes, explicó a Diario Libre que la violencia intrafamiliar es el principal cultivo de la agresividad escolar, y que los estudiantes no hacen más que replicar los modelos de resolución de conflictos que observan en sus casas.

«La violencia que hoy estremece a las escuelas dominicanas no nace en el aula. Se aprende, se normaliza y se reproduce desde el hogar«, advierte Reyes, quien asegura que los centros educativos están recibiendo el impacto directo de una cultura familiar que ha legitimado el castigo físico, el maltrato verbal y la humillación como formas «normales» de crianza.

«Cuando el niño crece viendo gritos, golpes, amenazas y humillaciones como formas de corregir, aprende que la violencia es un lenguaje válido», afirmó.

Crianza basada en el castigo

Según la especialista, en la República Dominicana persiste una cultura de crianza punitiva, donde el golpe, el grito y el castigo severo siguen siendo vistos como mecanismos aceptables de educación. Esto tiene consecuencias directas en el comportamiento de niños y adolescentes dentro de las escuelas.

«La familia es el primer espacio de socialización. Si ahí se valida la violencia, eso es lo que el niño va a llevar a la escuela, a la comunidad y a sus relaciones personales», explicó.

En muchos hogares, agregó, las discusiones violentas entre adultos, los conflictos sin mediación y la falta de comunicación generan un entorno emocionalmente inseguro que los niños terminan trasladando a los centros educativos.

Lejos de ser el origen del problema, la experta sostiene que la escuela es el reflejo de lo que ocurre en las calles y en los hogares.

«Una sociedad violenta produce escuelas violentas. El aula se convierte en el escenario donde estallan conflictos que se gestaron mucho antes», señaló.

Aunque reconoce que los casos más extremos, como agresiones físicas graves e incluso homicidios entre estudiantes, generan alarma pública, advirtió que estos episodios son apenas «la punta del iceberg» de una violencia cotidiana que lleva años normalizándose.

Reyes subrayó que la violencia escolar no se limita a peleas o golpes. También se manifiesta a través de humillaciones, apodos ofensivos, exclusión, discriminación y acoso psicológico.