La familia y amigos de Yennely se reunieron para pedir justicia en San Francisco de Macorís

Las últimas semanas de Yennely fueron felices, «como si se estuviera despidiendo de este mundo»

Miguel Caireta Serra

Yennely le gustaban las mariposas. “¡Mi bebé amada, mi reina, ay, Dios mío, amor! ¡Te echo de menos, Yennely!”, exclama su madre, Yenny Hilario, justo al lado de la que fue la habitación de su hija. Esas paredes aún conservan aquellos dibujos que mandó encargar cuando Yennely era pequeña.

El cuerpo de Yennely  fue encontrado el pasado miércoles 27 sin vida en el suelo de la localidad de Cotuí. Tenía signos de violencia, con unas quince estocadas perpetradas con un cuchillo, y numerosos moratones. 

El jueves, la asesina se entregó a la policía y confesó el terrible crimen que había cometido. Ella es Ammy Hiraldo, de 21 años, quien se encuentra en manos de la justicia a la espera de un juicio que la mandará a la cárcel por muchos años.

El padre y la hija, en el cementerio

La madre de Yennely estuvo ayer en el cementerio de Cotuí. Pronto por la mañana se acercó al lugar donde descansa su hija y su marido, al que perdió hace dos años, para dejar unas flores.

El nicho de su hija se ve reciente, con el cemento que lo sella más colorido que los demás. Aún no ha pasado tiempo para que se desgaste, ni tampoco para olvidar lo que ocurrió. El pueblo de Cotuí está de luto. No es normal que ocurran esta clase de crímenes. Una amiga que acaba con la vida de otra. Una madre que pierde a su hija.

Yennely, una chica feliz

Cuando su familia habla de ella, la describen como una chica feliz. “Yennely pasaba su tiempo libre escuchando música, le gustaba bailar y jugar con la perra”, explica su madre.

Las últimas semanas de Yennely, de tan solo 18 años, fueron felices. Su madre lo describe como si se “estuviera despidiendo de este mundo”. No porque supiera lo que le iba a pasar, sino porque en sus últimas semanas de vida se mostró feliz, cercana, sonriente. 

“Ella fue al concierto de Karol G, estuvo en la playa, ese mismo día se fue al salón, fue a arreglarse sus uñas, tenía el deseo de comerse un Mondongo. Estuvo feliz, gracias a Dios”, explica. Hace unas semanas, Yennely fue a la playa y escribió en la arena el nombre de su perrita, Lily, junto a un corazón.

Ese mismo día, Yennely fue a visitar a amistades de su madre, “como despidiéndose, pero ella no se pudo despedir de mí”, concluye. A pesar de haber tenido un pasado con algunos momentos difíciles, Yennely estaba en su mejor momento.

El desamor pudo ser el catalizador de su muerte

La relación de Yennely con la asesina confesa no era tan solo de amistad. “Ellas tuvieron una relación sentimental. Las cosas hay que decirlas como son”, aclara la madre de Yennely

Sin embargo, su hija tenía otros planes, y no pasaban por seguir en esa relación. Llevaba un tiempo conociendo a un hombre, su novio. Ella y su novio hablaban mucho, “pasaban el día entero comunicándose”. Eso hizo que Ammy Hiraldo quedara fuera de la ecuación. “Ya la habían terminado, ella no lo aceptó y decidió terminar con la vida de mi hija”, explica la madre de Yennely.