Enfocado, disciplinado y comprometido, el actor habla de cómo está disfrutando de esta etapa de su carrera

Este es un gran año para el actor venezolano, radicado en México. Y lo está disfrutando.
El protagonista de las series de Netflix «Quién mató a Sara», «La piloto» o «Malverde», no solo se estrena en el cine dominicano con la comedia «Colao 2», también está presente en Vix con el thriller «Pacto de sangre» y acaba de terminar el rodaje de una película en España, «Astronauta», bajo la dirección del español David Matamoros.
De su experiencia en el cine criollo y todo lo que le está pasando, conversa con Diario Libre.
¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en este proyecto en República Dominicana?
La experiencia ha sido maravillosa. La gente de este país es especial. Tiene una idiosincrasia que a mí me hace reír mucho porque sus ocurrencias constantes, son muy graciosas para mí.
Es gente muy alegre y eso es lo que se refleja en la película: la idiosincrasia de un país alegre, al que le gusta la comida, que disfruta de los amigos, de la familia, porque la figura de la familia es importante dentro de esta historia. Y el amor, por supuesto.
Háblanos de tu papel….
Mi personaje es Ernesto, el hermano del personaje de Laura (interpretado por Nashla Bogaert), que viene de visita. Digamos que teníamos un padre un poco alegre, que dejó un hijo en México.
Pero siempre estuvimos en contacto y en la historia hay una celebración importante por la que mi personaje viene a RD para visitar a su hermana y ser parte de ese evento, en el que se suscitan una cantidad de situaciones muy divertidas y en las que Ernesto forma parte de lo que pasa.
¿Cómo llegaste a este papel y decidiste decir que sí a venir a rodar a la República Dominicana?
Es mi primera vez rodando en el país. En 2019 decidí abrir nuevos mercados y conseguí una manager en España, Kaliah Garzón, quien es mi representante en España.
La contactaron porque querían traer una figura internacional a esta segunda parte de «Colado». Ella me propuso a mí y a ellos les gustó la idea, concretamente a Zumaya Cordero y a todo su equipo. Se organizaron los tiempos y yo tenía muchas ganas de venir aquí, así que fue muy bonita la experiencia.
¿Y qué diferencias has visto en la manera de hacer cine en RD en comparación con México, España, u otros países donde has estado rodando?
Esa es la magia de esta industria, cada lugar tiene sus formas diferentes. Cada lugar se genera laboralmente de otra manera porque son culturas diferentes. Y a mí eso me ha gustado mucho desde un principio como actor, poder vivir situaciones diferentes, adaptarme a nuevas formas, conocer formas de trabajo con gente diferente.
A mí eso me encanta, me parece maravilloso. Me doy cuenta de que esta es una industria que, evidentemente, ha tenido unos años de mucha producción.
Esto ha permitido que, sobre todo los técnicos y toda la gente que forma parte de la realización de una película, hayan desarrollado un oficio y tienen cada vez más claro cómo se trabaja en el cine y eso es maravilloso.
Por otro lado están los actores y cómo dominan la comedia en este país es maravilloso. Además de la posibilidad de trabajar con Miguel y Raymond, que son impresionantes y la capacidad que tienen, o estar en escena con ellos, que no paran.
Al contrario, Frank Perozo, el director, tenía que controlarlos un poco porque sino ellos siguen improvisando. Son genios, de verdad. Ha sido una experiencia muy bonita.
¿Qué oportunidades ves que tiene que mejorar el cine dominicano todavía?
Creo que no tengo la suficiente información como para poder decírtelo porque solo he tenido una experiencia y ha sido súper positiva.
Entiendo que, como en todo lugar latinoamericano, tenemos que seguir avanzando en cuanto a la pincelada fina. Esos momentos de detalle, de saber ir un poco más allá, pulir esos últimos detalles que hacen la magia del cine brillar en su máximo esplendor.
Eso es algo que tenemos que buscar todos los latinoamericanos en general. Porque hay algo ahí de idiosincrasia que nos hace ser siempre como más atorados, atrabancados, no sé cómo decirlo. Y el cine, de los tres lugares de expresión, requiere mucho del detalle.
