Hace 3,285 días que Jessi Rosario Agramonte vio a su padre por última vez, sus lágrimas corren por sus mejillas, mientras recuerda aquel martes a las 6:30 de la mañana cuando su progenitor Marino Rosario salió como de costumbre a trabajar en la unidad 109 de Servitaxi, en Santiago.

Marino Rosario tenía 43 años, una esposa y 3 hijos de quienes se despidió con la promesa de volver como siempre a las 6:00 de la tarde. Pero llegada la hora acordada y el hombre no regresar a casa, a las 8:00 de la noche de ese 7 de enero, su cónyuge y sus tres hijos menores, se dispusieron a buscarlo.

La desaparición

Yenny Taveras, la esposa de Marino, cuenta que la última vez que escuchó su voz fue pasadas las 11:00 de la mañana. Acordaron que él iría a la casa a mediodía para llevar a sus perritos al médico, pero él no llegó.

Los últimos en verlo con vida fueron sus compañeros taxistas que estaban de turno en la carretera Jacagua. “Ellos dicen que él recibió una llamada al celular a eso de las 3:00 de la tarde, él les dijo: muchachos voy allí a buscar algo, vengo ahora; pero hasta la fecha nadie lo volvió a ver”, cuenta su hija.

Con lágrimas en sus mejillas y voz entrecortada, Jessi Rosario recuerda a su papá: “esto es algo muy fuerte porque de esa noche que él se desapareció nosotros nunca nos íbamos a imaginar que iban a pasar 9 años sin saber de papi”.

El 8 de enero la familia de Marino Rosario se presentó al Departamento de Homicidios de la Fiscalía de Santiago para reportar su desaparición.

Durante los primeros dos años, la rutina era visitar de lunes a viernes la fiscalía sin obtener respuesta.

“Cuando uno tiene un familiar desaparecido tiene doble trauma, porque usted tiene que lidiar con que no sabe lo que le pasó a su ser querido, pero también tiene que ir a lidiar con esa gente que están ahí para ayudar a uno, pero no tienen una migaja de humanidad, porque no le conduele el dolor de nadie, están ahí para poner a la gente a dar vuelta hasta que usted se canse”.

“Nosotros solo tenemos la esperanza de Dios, porque hace años que ellos no están buscando a papi”, lamenta la hija.

Rosario se trasladaba en un Toyota Corolla, rojo, modelo 1995, que fue reportado como abandonado en Villa Juana en Santo Domingo, tres días después de la desaparición.

De acuerdo a las autoridades policiales del Plan Piloto, el vehículo en su interior solo tenía un botellón pequeño de agua, una funda de corn flakes, unos recibos y unas mascotas. Supuestamente el vehículo había sido desmantelado, no tenía batería, ni radio, ni el radio de comunicación del taxista con la base. Sin embargo, una empleada de una banca que reportó el vehículo en Villa Juana, reveló que llegó cerca de las 10 y se desmontó un hombre vestido formal. “Ellas nos dio la descripción del hombre, que le puso la alarma y salió caminando”, recordó.

“La vecina al ver que el vehículo pasó dos días en el lugar, lo reportó a una patrulla. “Ellos sacaron de atrás un bate, y del asiento de adelante ellos sacaron una cartera de mujer, pero, aunque pedimos respuestas, las autoridades nunca investigaron”, explica Jessi Rosario.

Declaró que la familia tiene nueve años esperando un rastreo de llamadas para saber quién fue la última persona con la que habló su papá, pero aún no llega.

Nunca pasó nada

El caso lo tenía el fiscal Manuel Cuevas, quien “cuando nos quería atender nos decía que aún no había llegado el rastreo de llamadas. El oficial Wilson de la Policía nos decía que debíamos esperar al fiscal y así nos tenían dando vueltas”, añadió. Por el caso de Marino Rosario nadie fue apresado.

“Tres años después del caso movieron los oficiales y era peor porque no teníamos a quién preguntarle por el caso, luego nos decían que teníamos que preguntarle al magistrado Miguel Ramos, pero él casi nunca nos podía atender, y cuando nos podía atender, nos decía que iban a designar otro fiscal, pero nunca pasó nada. Luego de eso era que el expediente de papi no aparecía”, afirma.

Llamado

“A las personas que desaparecieron a papi yo les diría que ya lo que sea que hayan hecho, que desde un teléfono público, aunque sea, llamen y digan lo que paso, (entre lágrimas) uno merece saberlo”, dijo.

Llamó a los fiscales y policías que también tienen familias a condolerse “porque ellos veían a mi abuela, y tú te imaginas ella años sin saber nada de su hijo”.

La ruta crítica

Una vez hablaron con la fiscal titular, la magistrada Luisa Liranzo quien les prometió asignarle un nuevo fiscal al caso, “pero luego de que ella nos vio, no cambió nada”, explica la hija apenada por la falta de justicia