
La actividad física no es solo una recomendación, es una necesidad vital. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niveles adecuados de ejercicio contribuyen significativamente a prevenir enfermedades crónicas, mejorar la salud mental y aumentar la calidad y esperanza de vida.
«Moverse es vivir. No importa la edad, condición física o contexto: cada paso cuenta. Incorporar actividad física en la rutina diaria no solo previene enfermedades, sino que transforma vidas«, dijo Lilibe Núñez Fernández, especialista en medicina física y rehabilitación, y pasada presidenta de la Sociedad Dominicana de Fisiatría.
La especialista hace un llamado enfático a toda la población (niños, adolescentes, adultos y adultos mayores) a incorporar el movimiento como parte esencial de su vida diaria.
Actividad de acuerdo a la edad
En el caso de los niños y adolescentes (5-17 años), la recomendación de actividad física es de al menos 60 minutos diarios y que esta sea de moderada a vigorosa.
Los adultos (hasta los 64 años) deberían hacer entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada.
Para los adultos mayores, la recomendación va inclinada a que mantengan su actividad física regular, incorporando ejercicios de fuerza, equilibrio y movilidad.
La pérdida de masa muscular (sarcopenia) se asocia con mayor riesgo de caídas, discapacidad, dependencia y mortalidad. Por ello, mantener pantorrillas fuertes mediante ejercicios de resistencia y marcha activa es clave para un envejecimiento saludable y funcional.
Con el envejecimiento, la masa muscular, especialmente en las pantorrillas, cobra una relevancia crítica. Estas actúan como una «segunda bomba» después del corazón, facilitando el retorno venoso y contribuyendo a una adecuada circulación sanguínea.
El movimiento es uno de los pilares fundamentales del envejecimiento activo. La práctica regular de ejercicio:
- Mejora la independencia funcional
- Reduce el riesgo de fragilidad
- Preserva la masa muscular y la densidad ósea
- Favorece la salud cognitiva
