La escalada de tensiones en Oriente Medio vuelve a colocar a la República Dominicana frente a una vulnerabilidad conocida: su alta dependencia de combustibles importados. Aunque el país no compra directamente a las naciones en conflicto, el impacto se transmite a través del precio internacional del petróleo, presionado por el riesgo sobre rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz. Esto se traduce en mayores costos para la generación eléctrica, el transporte y los subsidios estatales, en un momento en que la economía global ya enfrenta incertidumbre y volatilidad.

En ese contexto, el presidente Luis Abinader advirtió la noche del domingo sobre las posibles repercusiones del conflicto en la economía nacional, señalando que el Gobierno se mantiene vigilante ante el comportamiento de los mercados energéticos y sus efectos en los precios internos.

Indicó que se evalúan medidas para mitigar el impacto sobre los consumidores y preservar la estabilidad, al tiempo que llamó a la prudencia ante un escenario internacional que, dijo, «no depende de nosotros, pero sí nos afecta».

De ahí su llamado a un gran consenso nacional sobre cómo enfrentar las consecuencias directas de una crisis que ya es global.

Una factura millonaria

La República Dominicana no produce petróleo, pero su economía funciona como si lo hiciera. Cada jornada laboral, cada trayecto urbano y buena parte de la electricidad que consume el país dependen de un flujo constante de combustibles importados.

Detrás de esa dinámica hay una factura energética que supera los miles de millones de dólares y que conecta al país, de manera directa o indirecta, con los principales centros de producción del mundo.

En 2025, la República Dominicana importó hidrocarburos por un valor de 4,685.63 millones de dólares, según la Dirección General de Aduanas. El volumen estimado ronda entre los 50-60 millones de barriles de crudo y productos refinados. Se trata de uno de los principales renglones de importación nacional, solo comparable con alimentos y bienes de capital.

En términos diarios, el consumo se sitúa en torno a los 150,000 barriles, una cifra que refleja tanto el crecimiento económico como la expansión del parque vehicular.

La canasta de importación es diversa. Según los datos de Aduanas, incluye: gasolinas regular, premium y otras (1,040.14 millones de dólares); diésel, tanto óptimo como regular (884.80 millones); gas propano, butano, metano y otros (380.07 millones); y gas natural (838.95 millones de dólares).

También, queroseno (0.09 millones de dólares); fuel oil (320.50 millones), gasolina de aviación (345.18 millones); aceites crudos de petróleo (577.84 millones), aceites y grasas lubricantes (171.68 millones) y otros derivados como coque, líquidos para frenos y resinas (120.49 millones de dólares).

El diésel es clave para el transporte de carga y la generación eléctrica; la gasolina sostiene la movilidad privada; el GLP domina el consumo doméstico; y el gas natural ha ganado peso en la matriz energética en los últimos años.

Esta combinación revela una dependencia transversal: el combustible no solo mueve vehículos, también sostiene hogares e industrias.

De dónde vienen

En cuanto al origen, Estados Unidos se mantiene como el principal suplidor directo. Sin embargo, no es el único. La República Dominicana también compra productos derivados a Trinidad y Tobago, especialmente gas y algunos refinados, así como a México, que ha suplido crudo y combustibles en determinados períodos. A estos se suman operaciones con Brasil, Colombia y proveedores del Caribe, además de un papel creciente de intermediarios o comercializadores internacionales.

Ese esquema implica que el país no siempre compra a productores originales, sino a refinerías o traders que mezclan crudo de múltiples procedencias. Por eso, el origen real del petróleo es, en muchos casos, global.

Parte de los combustibles que llegan a puertos dominicanos puede haber sido refinada en Estados Unidos a partir de crudo proveniente de Medio Oriente o de otras regiones.

Riesgo por el mercado

Esa conexión indirecta adquiere relevancia en el contexto de tensiones internacionales. El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, es uno de los principales puntos de presión del mercado energético. Aunque la República Dominicana no importa directamente desde esa zona, cualquier alteración en ese corredor impacta los precios globales y, por tanto, el costo de las importaciones.

En los primeros meses de 2026, la tendencia se mantiene estable en volumen, pero con un entorno más volátil en precios. Los conflictos geopolíticos, en particular en Medio Oriente, han introducido un nivel de incertidumbre que se traduce en fluctuaciones en el costo del barril. Para economías importadoras como la dominicana, esto se refleja en mayores presiones sobre la factura energética y, eventualmente, sobre los subsidios y el costo de vida. 

Dependencia

La refinería local, Refidomsa, procesa una parte del crudo importado, pero su capacidad no cubre toda la demanda nacional. 

Como resultado, una proporción significativa de los combustibles se importa ya refinada. Esto limita el margen de maniobra del país ante cambios bruscos en los precios internacionales.