
El nuevo juicio para determinar qué ocurrió con Luis Ángel González, desaparecido el 6 de febrero de 2022, cuando tenía seis años, se inició en 2025. A la fecha, no se ha logrado sostener una sola audiencia de fondo.
Primero por las excusas de la defensa. En los últimos meses, el obstáculo es un Ministerio Público que no presenta a sus testigos.
A fuerza de súplicas, la parte acusadora consiguió que el tribunal concediera una nueva fecha: 20 de abril.
Mientras tanto, tras casi dos años de prisión preventiva, liberaron a Anderson González y Yoanni Méndez —señalados por el secuestro— por falta de pruebas.
En 2024, una Corte de Apelación anuló la sentencia de descargo. Determinó que el tribunal dejó en indefensión a la parte querellante al impedir la incorporación de entrevistas realizadas en cámara Gesell. En esas grabaciones, los hermanos del niño relatan el momento del rapto.
Del total inicial, 156 fueron localizados, 25 fallecieron, 16 seguían desaparecidos y 34 no tenían información actualizada.
Con la actualización, también aumentaron a 36 los menores hallados muertos. En el marco de esta ampliación, se solicitaron, una vez más, respuestas a la Policía Nacional y al Ministerio Público.
La magistrada Olga Diná Llaverías, titular de la Dirección Nacional de Niños, Niñas, Adolescentes y Familia, indicó que los casos de menores desaparecidos se abordan de manera coordinada con la Policía, entidad que —según afirmó— dispone de los mecanismos operativos y los registros actualizados para su investigación.
En ese sentido, remitió la solicitud de información a esa institución, a fin de obtener datos complementarios.
Diná Llaverías añadió que la dependencia que dirige se encuentra en un proceso técnico de diseño e implementación de una metodología para estandarizar la recolección, consolidación y validación de estadísticas sobre niñez y adolescencia. Este proceso, explicó, implica trabajo de campo a nivel nacional para garantizar la calidad y trazabilidad de los datos, en el contexto de la reciente creación, por parte del Consejo Superior del Ministerio Público, de la Unidad de Desaparecidos.
La Policía no respondió a los requerimientos de este medio.
Detrás de cada cifra hay una historia que no termina.
Tiburones
Fraila Méndez no entiende por qué la Procuraduría no lleva a estrado a los militares y a la fiscal que encabezaron la investigación de la desaparición de su hijo.
Ellos rastrearon el teléfono desde el que se exigieron dos millones de pesos por el rescate. Son quienes vinculan ese número a Yoanni Méndez y ubican la llamada en la residencia de Anderson González
Fraila obtuvo una orden de arresto y conducencia contra esos testigos. Nunca se ejecutó.
Otra vez, le tocó a Fraila buscar testigos, insistir, rogar.
Cuando hay reenvíos, Anderson sale bailando del tribunal. El esposo de Yoanni lanza amenazas.
Tiene otro hijo con el hombre al que acusa. El niño baja la cabeza cuando le mencionan a su padre.
Fraila ya no es la misma.
Asegura que ha recibido propuestas indecentes de quienes deben ayudarla, llevándola a pensar en terminar con su vida.
Hoy teme por la suya.
«Cuando alguien muere, uno sabe dónde está. Pero cuando desaparece es un calvario«, señala.
Trabaja en una casa de familia. Estudia Derecho. Aprendió a disimular.
«Vivimos en un mar de tiburones. El que sangra, se jode«, sentencia.
Ya no más
Frainier Ciprián desapareció el 4 de febrero de 2023 en el sector Valiente.
Tenía que caminar menos de 100 metros.
Su madre, Deliset Montero, lo envió a buscar leche.
Fue. Volvió. Salió otra vez.
Las cámaras lo registran comprando una galleta. Jugando con otros niños.
Después, vacío.
Deliset acudió al destacamento. Le pidieron esperar 24 horas.
La prensa siempre la acompaña. Pero ella ya no recibe periodistas.
No desde que notó que su hija —de 11 años— se alteraba tras cada entrevista.
La niña pregunta por qué, si los periodistas les visitan, nada cambia.
También guardó los afiches de búsqueda. No quiere que sus hijas mayores recuerden que Frainier ya no está.
En la primera consulta psicológica por cambios en el comportamiento de la pequeña, el médico le preguntó cuántos hijos tenía.
«Cinco«, respondió.
«Somos seis«, le corrigió la niña.
En una visita al Departamento de Búsqueda de Personas Desaparecidas, la madre pidió ver evidencias del caso. Le dijeron que se perdió la llave del lugar donde estaban guardadas.
El personal cambió. Nadie dio seguimiento.
A veces piensa que sería menos doloroso enterrar a su hijo que no saber qué le hicieron.
Yissel
A Santa Florentino y a su hija Andreina les pidieron calma.
«Seguro se casó. Ya aparecerá». Esa fue la respuesta inicial de la Policía en Baní.
Yissel Morillo Florentino tenía 17 años. Desapareció el 5 de marzo de 2022.
Dijo que visitaría a una amiga. Terminó en el parque de Matanzas. Se movió en motoconcho. Avisó a su hermana dónde estaba.
«Hicimos la denuncia. Siempre decían que investigaban«, refiere Andreina.
En uno de los vídeos de aquel día, se ve que Yissel sube a un vehículo. No identificaron la placa.
Andreina cayó en depresión. Intentó sostener a sus padres mientras se desmoronaba.
La esperanza se hace más pequeña con el tiempo.
Mar
Piteson Jeangille estaba por cumplir 17 años.
Desapareció el 20 de marzo de 2025 durante un paseo a playa Cosón, en Las Terrenas.
Se metió al mar. Salió un momento. Dejó su mochila. Volvió al agua.
Cuando sus compañeros regresaron a buscarlo, ya no estaba.
«Solo agua«.
