
Hay algo en la Semana Santa que invita a salir. No necesariamente lejos, ni por muchos días, pero sí lo suficiente para romper la rutina.
Este 2026, ese impulso se siente más fuerte que nunca: los dominicanos están redescubriendo playas, montañas y pueblos con una curiosidad renovada. Las cifras lo respaldan: el interés por viajar ha crecido cerca de un 20 % frente al año pasado, de acuerdo a datos ofrecidos por la plataforma Airbnb.
Pero más allá del número, lo que destaca es el cambio de mentalidad. Hoy el turismo local ha dejado de ser una opción práctica para convertirse en una experiencia deseada, casi una nueva tradición.
Hay un motor claro detrás de este auge: las nuevas generaciones. La Generación Z lidera el impulso con un crecimiento superior al 30 % en su interés por viajar en estas fechas, seguida de los Millennials, que también mantienen un ritmo sólido
Ambos grupos comparten una visión distinta del turismo. Prefieren experiencias más auténticas, flexibles y cercanas. Menos itinerarios rígidos, más descubrimiento espontáneo. Menos lujo convencional, más conexión con el entorno.
El patrón de viaje también está cambiando. La Semana Santa se consolida como un momento para compartir: aumentan tanto los viajes en pareja o grupos pequeños como las escapadas familiares.
