
La travesía del buque Sea Horse, cargado con combustible ruso, se ha convertido en un reflejo de las tensiones geopolíticas que rodean el suministro energético en el Caribe, en particular hacia Cuba, país que atraviesa una severa crisis de abastecimiento.
El recorrido comenzó a principios de febrero de 2026, cuando el petrolero fue cargado mediante una operación de trasbordo frente a las costas de Chipre, en el Mediterráneo oriental. Desde entonces, hasta el miércoles 25 de marzo, han transcurrido cerca de siete semanas —unos 50 días— marcadas por pausas, cambios de rumbo y decisiones condicionadas por el contexto internacional.
Con su carga de diésel destinada inicialmente a Cuba, el Sea Horse emprendió ruta hacia el Atlántico en un movimiento que ponía a prueba las sanciones de Estados Unidos sobre el suministro energético hacia la isla.
A medida que avanzaba, el buque comenzó a mostrar señales de incertidumbre. Durante varios días permaneció prácticamente detenido en el Atlántico Norte, con velocidad reducida y sin un destino claro, lo que evidenció posibles presiones externas o dificultades operativas.
Ya en tránsito hacia el Caribe, el petrolero modificó en varias ocasiones su destino declarado. Pasó de figurar en ruta hacia La Habana a indicar «Mar Caribe» y posteriormente a Trinidad y Tobago, según registros marítimos citados por medios internacionales.
La promesa reiterada
En medio de esos movimientos, el 20 de marzo, Moscú prometió que ayudaría a Cuba a superar su crisis humanitaria, aunque evitó confirmar el envío del Sea Horse y de otro petrolero hacia la isla, según un despacho de la agencia EFE.
«Estamos en permanente contacto con las autoridades cubanas (…) y tratando con ellos las posibles variantes de ayuda«, afirmó el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, quien no precisó si existían garantías para que los buques llegaran a su destino en medio de las sanciones estadounidenses.
El posicionamiento se produjo luego de que el diario Financial Times informara que el Sea Horse transportaba unas 27,000 toneladas de combustible hacia Cuba, mientras que otro buque, el Anatoli Kolodkin, podría arribar en abril con unos 725,000 barriles de crudo.
Peskov tampoco confirmó si Moscú había alcanzado algún entendimiento con Washington para permitir el paso seguro de los cargamentos, en un contexto de embargo energético y creciente presión internacional.
Las declaraciones reflejaron la ambigüedad del escenario: mientras Rusia reiteraba su disposición de asistencia, el Sea Horse continuaba modificando su ruta en el Atlántico y el Caribe, sin concretar su llegada a Cuba.
«Prácticas evasivas«
En medio de ese contexto, el buque recurrió a prácticas consideradas evasivas, como la desconexión de su sistema de rastreo en determinados tramos, una señal frecuente en operaciones sensibles a sanciones.
Tras semanas de navegación, el petrolero terminó en aguas cercanas a Venezuela, con dirección a Puerto Cabello, uno de los principales puertos energéticos del país sudamericano, según reportes publicados ayer.
El desenlace representó un giro significativo respecto a su misión original. Cuba, que no recibe suministros energéticos regulares desde hace meses, continúa enfrentando apagones y limitaciones en sectores claves.
Para Venezuela, en cambio, la llegada del Sea Horse supone un posible refuerzo en su dinámica energética, en medio de un reacomodo de rutas en el comercio de hidrocarburos bajo sanciones.
