
¿El cerebro de un feminicida funciona igual que el de una persona que jamás ejercería la violencia sobre su pareja?
Esta pregunta fue la chispa que motivó a un equipo de investigadores de Los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y la Fundación Manantial de Vida a analizar por primera vez en el país las características neurológicas y psicológicas de los hombres mediante resonancia magnética.
En este estudio científico titulado «Marcadores neurológicos y neuropsicológicos de feminicidas una investigación con resonancia magnética funcional» se identificaron marcadores neurológicos, neuropsicológicos y psicológicos en hombres que han cometido feminicidio, con el objetivo de fortalecer las estrategias de prevención de la violencia de género desde la salud mental.
«La prevención es un tema de salud mental. Queremos anticiparnos, ponernos delante del evento para salvar vidas. La idea no es justificar la acción, es explicarla y prevenir«, dijo durante el acto introductorio Jorge Morillo Mejía, doctor en psicología.
Según explicó, para desarrollar esta investigación se conformaron tres grupos de análisis: uno conformado por hombres condenados por feminicidio, otro por hombres remitidos al Centro Conductual para Hombres por violencia contra sus parejas sin haber llegado a causarles la muerte y un grupo control sin historial de violencia. Cada uno estaba compuesto de entre 27 a 30 miembros.
«¿Por qué uno mata, el otro agrede y el otro se retira?«, citó Morillo Mejía como la gran interrogante que los llevó a recopilar data en los últimos siete años mediante la realización de resonancias magnéticas estructurales y funcionales, así como evaluaciones neuropsicológicas y psicológicas, con el fin de analizar diferencias en la estructura cerebral, la respuesta a estímulos emocionales y el funcionamiento cognitivo y conductual.
Ruthbelkis Suazo, psicólogo clínico, expuso cómo los trastornos de personalidad, los episodios de celotipia, la bidependencia (alcohol, drogas) y la detonación del centro primitivo del cerebro son factores agravantes y junto a traumas de apego, adicción afectiva emocional, traumas por abuso y malos tratos e irritabilidad podrían desencadenar una crisis vital.
- Actualmente, Suazo cumple 11 años de una condena de 15, tras haber perdido el control luego de un episodio de infidelidad, que culminó con la muerte de otra persona.
La participación de Suazo como investigador resultó de gran importancia para el estudio por sus conocimientos en el campo de la psicología (graduado con honores) y su propia experiencia, de una situación que, según comentó, jamás llegó a creer que le pasaría a él.
«Hay fuentes y raíces que llevan al feminicidio que también llevan a otro tipo de violencia, por ejemplo, los hombres que le quitan la vida a otro hombre por una mujer; mujeres que le quitan la vida a otras mujeres por un hombre y ese círculo que se da ahí. Resulta que, las raíces emocionales son las mismas: una variable de traumas de apego, celotipia, trastornos de la personalidad, trastorno delirante tipo persecutorio», detalló.
Resultados de la investigación
Entre los hallazgos neuropsicológicos más relevantes, el grupo de feminicidas mostró mayor dificultad para inhibir respuestas automáticas.
De acuerdo con Morillo Mejía, esto significa baja capacidad para el autocontrol, lo que no les permite contenerse y abalanzarse sobre las demás personas.
