Desde que el sueco Oskar Eriksson acusó a su rival canadiense Mark Kennedy de hacer trampas en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, el mundo del curling, a menudo comedido y regido por un código de honor, está en plena ebullición.

Tres días después del altercado con Eriksson, Kennedy no ha pasado página: «El espíritu del curling ha muerto», sentenció el lunes este campeón olímpico en Vancouver 2010 y bronce en los Juegos de Pekín 2022.

«Es difícil para mí utilizar el término ‘gentleman‘ (caballero) para hablar de este deporte (…) Esa idea de intentar atrapar a la gente por una infracción al reglamento y hacer cualquier cosa para ganar una medalla es horrible», estimó.

Kennedy está en el centro del llamado «Stonegate«, el caso de la piedra que ha puesto el foco en el curling, ese deporte habitualmente objeto de bromas y que muchos definen, equivocadamente, como una especie de petanca sobre hielo nacida en Escocia.

El viernes, en pleno partido contra Suecia, Kennedy fue acusado de haber quebrantado una de las reglas principales del curling: el Third canadiense (el jugador que lanza en tercera posición en un equipo de cuatro) tocó, como muestran las imágenes, la piedra con la punta del dedo índice tras soltar el asa justo antes de la línea de juego, la «hog line» en inglés.

Ese gesto, que permite redirigir ligeramente la piedra hacia su objetivo, enervó muchísimo al skip (capitán) sueco.

«Has tocado la piedra y no es la primera vez», se quejaba Oskar Eriksson, lo que provocó el enfado de Kennedy: «No lo he hecho ni una vez, ¡que te jodan!».

Si bien ambos jugadores se estrecharon la mano al término del partido, ganado 8-6 por Canadá, la escena se hizo viral en redes sociales y la Federación Internacional de Curling (WCF) decidió reaccionar.

El único problema es que esa reacción añadió más confusión al asunto: hizo un recordatorio del reglamento, que no contempla la utilización de videoarbitraje, y decidió desplegar dos árbitros para vigilar si la «hog line» en las cuatro pistas del estadio de curling de Cortina d’Ampezzo.

Por petición de los equipos en competición, molestos con esa intrusión, dio marcha atrás en su decisión.

En un partido de curling, un deporte practicado sobre todo en Gran Bretaña, Norteamérica y Escandinavia, son los propios jugadores los que ejercen de árbitros.

Sólo cuando dos piedras parecen a igual distancia del objetivo interviene un árbitro, con un metro, para determinar quién consigue el punto y se lleva la manga.

Defensa del autoarbitraje

Kennedy admite ahora que pudo cometer «pequeñas infracciones al reglamento», pero insiste en que sobre todo teme que su deporte quede desnaturalizado tras este conflicto.

«Nos gusta la idea del autoarbitraje. Si alguien hace algo inhabitual, se gestiona en el momento y pasamos a otra cosa, sin necesidad de árbitros para dirigir nuestro deporte», explicaba el lunes.

«El espíritu de nuestro deporte», le respondía el entrenador sueco Fredrik Lindberg, «es que cuando hagas algo ilegal, lo digas».

Desde entonces, en otros partidos, el británico Bobby Lammie y la canadiense Rachael Homan fueron sancionados por «double touching» y su piedra fue retirada del juego.

El patrón de la Federación Canadiense, Nolan Thiessen, intentó hacer un llamamiento a la calma: «Todo esto, al final, pone los focos sobre nuestro deporte».

Su equipo, con cinco victorias y una derrota, puede aspirar al podio a diferencia de Suecia, que ha perdido ya toda opción de medalla.