Las alertas sobre la posible existencia de tierras raras en la República Dominicana — elementos clave para la fabricación de tecnología avanzada, vehículos y armamento— se dispararon a partir de una investigación desarrollada en la Sierra de Bahoruco.

El proyecto, liderado desde 2014 por la experta Australia Ramírez y financiado con unos 20 millones de pesos a través del Fondo Nacional de Innovación y Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondocyt), buscaba determinar el potencial de esos minerales y sentar las bases para políticas de exploración y explotación de metales estratégicos.

Los resultados escalaron al más alto nivel del Estado. La Presidencia de la República asumió el tema y se determinó que la nación cuenta con reservas estimadas en alrededor de 100 millones de toneladas brutas, un hallazgo que el mandatario Luis Abinader calificó como «trascendental para el desarrollo nacional».

Este caso evidencia el alcance de un fondo que, aunque es clave para impulsar la investigación científica en el país, sigue chocando con un mismo cuello de botella: se investiga, pero no siempre se aplica, por falta de inversión (sin alcanzar el 1 % del PIB), débil divulgación, poca participación del sector privado y escaso acompañamiento para convertir resultados en políticas públicas o productos que lleguen al mercado.

El Fondocyt es un programa del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Mescyt) creado para financiar proyectos de investigación científica, innovación y desarrollo en universidades, centros de investigación e instituciones especializadas de educación superior.Las empresas privadas pueden participar, en consorcio con estas entidades. 

En enero del 2025, el Mescyt aprobó 70 proyectos de un total de 324 propuestas. Cada convocatoria prioriza investigaciones que respondan a agendas nacionales e internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible o la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030.

Según el viceministro de Ciencia y Tecnología, Genaro Rodríguez, el Fondocyt funciona como el eje del Sistema Nacional de Investigación. En la actualidad, hay 2,036 académicos inscritos en la Carrera Nacional de Investigadores, lo que equivale a unos 185 científicos por cada millón de habitantes.

Además, el fondo facilita la integración de los investigadores en programas regionales e internacionales expandiendo la visibilidad y colaboración científica.

Hasta hace pocas décadas, dedicarse a la investigación en República Dominicana era casi una utopía. Así lo recuerda el biólogo Sixto Incháustegui, reconocido en el 2022 como Científico de la Nación.

«No había incentivo para la producción científica. Quienes hacíamos o tratábamos de hacer alguna investigación era por motivación propia, muchas veces con recursos propios y bastante limitados. La producción científica en revistas indexadas era baja en comparación con países similares de América Latina y el Caribe», Sixto Incháusti, biólogo reconocido en el 2022 como Científico de la Nación.

Para Incháustegui, la creación del Fondocyt marcó un antes y un después. Su diseño buscó adaptarse a estándares internacionales, pero también a la realidad criolla, permitiendo que las universidades definieran líneas de investigación y dieran continuidad a los proyectos.

Aun así, advierte que el sistema necesita una gobernanza más sólida para garantizar estabilidad y evitar retrocesos. «Las universidades deben asumir un rol más activo», señala.

El Fondocyt apoya tanto investigaciones aplicadas —orientadas a resolver problemas concretos— como básicas, que sirven de base para desarrollos futuros. Durante la actual gestión, amplió su alcance a las ciencias sociales, las humanidades y las artes, para financiar proyectos sobre educación, cultura y sociedad

En la convocatoria 2025–2026, los montos varían según el área: hasta 12 millones de pesos para ciencias básicas y aplicadas; 10 millones de pesos para iniciativas de ciencia ciudadana e impacto territorial; y 4 millones de pesos para ciencias sociales, humanidades y artes.

  • Entre 2020 y 2024, el Fondocyt aprobó 304 proyectos por un total de 2,110 millones de pesos. Las mayores inversiones se concentraron en 71 investigaciones de ciencias básicas (499,796,186 pesos), 67 de ingenierías (475,083,556 pesos), 53 de agroalimentación (389,164,359 pesos), 39 de salud (287,323,214 pesos) y 46 de medioambiente (344,002,815 pesos) y 28 ciencias sociales, humanísticas y arte por 115,128,509 pesos.

A pesar de estos avances, el viceministro Rodríguez reconoce que la inversión todavía es mínima: no alcanza ni el 1 % del producto interno bruto (PIB). En la región, Brasil lidera el financiamiento en ciencia y tecnología. Tan solo en el 2025 el Gobierno brasileño destinó 35,000 millones en investigación científica e innovación en salud.

«Tenemos un sistema joven, con pocos recursos, pero aún así los investigadores dominicanos producen artículos en revistas de alto impacto», afirma Rodríguez.

¿Por qué no se aplican más en la sociedad

Desde el 2020, el programa contribuyó al registro de 25 patentes, más de 400 publicaciones científicas y la incorporación de 720 nuevos investigadores a la carrera nacional. También apoyó decenas de tesis de licenciatura, maestría y doctorado.

Entre los proyectos financiados destacan estudios sobre sargazo, biocombustibles a partir de lilas del río Ozama, nanociencias, seguridad alimentaria, salud humana y animal, y biología molecular.

Según el ministro de Educación Superior, Franklin García Fermín, algunos de estos resultados ya sirven de base para políticas públicas y otros se preparan para llegar al mercado este año.