
Dos fechas clave marcan el calendario político de Haití en 2026. El siete de febrero concluye de manera oficial el mandato del Consejo Presidencial de Transición (CPT). El 30 de agosto, según el Consejo Electoral Provisional, deberían celebrarse las primeras elecciones generales en una década.
Sobre el papel, el país se asoma a una salida institucional muy esperada por su gente y por la comunidad internacional. En la práctica, el escenario es mucho más incierto.
Puerto Príncipe y sus alrededores continúan sumidos en el caos. Desde inicios de 2022, más de 16,000 personas murieron a causa de la violencia de las pandillas, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas.
La inseguridad armada atraviesa todos los ámbitos de la vida cotidiana y tiene consecuencias directas en el acceso a la educación, la salud y los servicios básicos.
Ante esta realidad, buena parte de la población desarrolló una especie de coraza que combina resignación, cansancio y escepticismo frente a cualquier promesa de orden político.
«No hay un camino claro»
Hace mes y medio, la periodista Germina Pierre Louis emigró a Canadá, dejando en Haití a su esposo y a su hija. Desde la distancia, describe a su país como un Estado disfuncional, lejos de la vía democrática prometida tras la caída de los regímenes de los Duvalier.
Para Pierre Louis, las cifras de muertos no alcanzan a reflejar la dimensión real de la tragedia.
«No son solo números: son el esposo de alguien, la esposa de alguien, una hija, una tía. Cada persona cuenta», explica. Además, lamenta que la repetición de estadísticas anestesie la sensibilidad colectiva frente a cientos de mujeres violadas, familias destrozadas y vidas interrumpidas.
Sin resultados
Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse, en julio de 2021, Haití pasó por una sucesión de gobiernos y figuras de transición como: Ariel Henry, Gary Conille y el actual primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé.
El CPT tenía como misión «restablecer la seguridad en los territorios controlados por bandas armadas, organizar elecciones, convocar un referéndum constitucional y reactivar la economía».
Las principales plazas electorales del país se encuentran bajo control de pandillas. Barrios de Puerto Príncipe como Cité Soleil, Bel Air, Carrefour-Feuilles y sectores de Delmas son zonas de alto riesgo. En Artibonite, considerado el segundo enclave electoral más importante, la presencia de grupos armados también compromete cualquier proceso participativo.
Aunque existen más de 100 agrupaciones partidarias registradas, solo entre ocho y diez tienen una trayectoria. Tres grandes corrientes dominan la política en las últimas décadas: Fanmi Lavalas, ligado a Jean-Bertrand Aristide; la izquierda agrupada en plataformas como Fusion; y el PHTK, surgido tras el terremoto y asociado al expresidente Michel Martelly.
Bajo asedio
La violencia golpea de manera directa al sistema educativo. Marckendly Saint Juste, activista y presidente de la Asociación de Estudiantes Haitianos en la UASD, explica que numerosas escuelas cerraron en zonas controladas por pandillas. Algunas saqueadas o incendiadas, y miles de estudiantes se desplazaron junto a sus familias.
A esto se suma el éxodo de docentes que huyeron del país por la inseguridad.
En el nivel universitario, varias instituciones operan de manera irregular, trasladando actividades a zonas consideradas menos peligrosas como Pétion-Ville o Haut-Delmas. «Son soluciones limitadas que excluyen a una gran parte de los estudiantes», señala Saint Juste.
La crisis también afecta el acceso a la salud. El Hospital General de Puerto Príncipe es inaccesible. Muchas familias carecen de agua potable y electricidad debido a la presencia de pandillas en zonas estratégicas como la presa de Péligre.
Saint Juste crítica al CPT: «Tuvo 24 meses para restablecer la seguridad y organizar elecciones, pero se limitó a gestionar su poder sin resultados concretos». A su juicio, una transición más realista habría requerido un presidente interino con legitimidad social y un primer ministro capaz de gestionar las instituciones del Estado.
El colapso económico
Jean Willem Lois, economista residente en Delmas, describe una cotidianidad marcada por la prudencia. «La gente sale, camina, trata de vivir», indica. Sin embargo, la mayoría sobrevive gracias a las remesas.
- Más de dos millones de personas viven con menos de cinco dólares al día, y el comercio informal domina la economía.
La capital sigue siendo el eje económico del país.
Willem advierte que cuando Puerto Príncipe colapsa, el impacto se siente en todas las provincias. Los precios aumentan cada mes, pese a la relativa estabilidad del dólar a nivel internacional. «Haití depende en más de un 40 % de bienes provenientes de República Dominicana, en gran medida a través del comercio informal«, precisa.
