Su visita al país se produce en un escenario de alta tensión militar entre Venezuela y Washington

La visita del secretario de Defensa de los Estados UnidosPete Hegseth, marcará un punto alto en la agenda bilateral, no solo por el momento geopolítico del Caribe, sino por la personalidad —y el perfil inusual— del propio funcionario. Su presencia en Santo Domingo es, en sí misma, una señal política: Washington quiere estrechar la cooperación en seguridad regional con un aliado considerado estable y confiable en medio de tensiones crecientes.

Hegseth es un secretario de Defensa atípico. Llegó al cargo tras una confirmación estrecha en el Senado —decidida por el voto de desempate del vicepresidente J. D. Vance— y con un historial que lo separa de los jefes del Pentágono de las últimas décadas. No proviene de la jerarquía militar ni de los altos mandos civiles del Departamento de Defensa. Su trayectoria, más mediática que institucional, se forjó como comentarista de Fox News y como voz fervorosa del movimiento conservador que impulsó a Trump a la presidencia.

Su afinidad con Donald Trump es directa: comparte su discurso combativo, su crítica frontal a lo que ambos llaman “la burocracia del Pentágono” y su orientación hacia una política de defensa más agresiva, más transaccional y menos condicionada por consensos tradicionales. Antes de su nombramiento, Hegseth era un aliado visible del trumpismo cultural, cuestionaba la “excesiva corrección política” en las Fuerzas Armadas y defendía una visión casi muscular del poder estadounidense. Esa sintonía fue clave para su selección, pues Trump buscaba un secretario leal, dispuesto a ejecutar sin titubeos una doctrina exterior que combina presión militar, repliegue selectivo y contundencia estratégica.

La estrategia de Hegseth

Su actitud hawkish es otro rasgo que lo distingue. Hegseth no es un tecnócrata, sino un defensor abierto del uso proyectivo de la fuerza, del incremento del gasto militar y de posturas firmes frente a adversarios como Irán, China y Venezuela. Su lectura del tablero internacional parte de la premisa de que Estados Unidos debe demostrar poder para evitar que otros lo desafíen. Sus críticos dicen que simplifica escenarios complejos; sus seguidores, que interpreta sin miedo un mundo crecientemente volátil.

Esa inclinación se refleja en la nueva fase de presión sobre Venezuela y en el reposicionamiento militar estadounidense en el Caribe. La presencia del mayor portaviones del mundo en la región, las operaciones de inteligencia reforzadas y el estrechamiento de la cooperación antidrogas forman parte de una estrategia más amplia que Hegseth ha promovido dentro del gabinete.

Para la República Dominicana, su visita tiene un doble mensaje. Primero, reconoce la eficacia de las autoridades en materia de lucha contra el narcotráfico y control marítimo, aspectos en los que Washington ha expresado satisfacción. Y segundo, subraya la importancia geoestratégica del Caribe en un momento en que el crimen organizado, la presión migratoria y la inestabilidad en Venezuela se cruzan con intereses de potencias globales.

El atípico

Hegseth no es un secretario convencional. Es un ideólogo, un soldado mediático convertido en jefe del Pentágono, un defensor abierto del hard power. Su visita  a Santo Domingo ocurre en un momento en que su estilo, tan singular como controvertido, marca ya la política exterior de su país.