Caminar por la calle El Conde, en Santo Domingo, es sumergirse en una mezcla de historia y decadencia. Esta emblemática vía peatonal, que se extiende por un kilómetro desde la calle Palo Hincado hasta la avenida Francisco Alberto Caamaño Deñó, ya no brilla como antes.

Lo primero que recibe al visitante no es el bullicio de los comercios ni la calidez de su gente, sino un olor penetrante y desagradable, una mezcla de cloaca y abandono el cual impregna el ambiente.

A lo largo del trayecto, entre las calles Palo Hincado y Arzobispo Meriño, la mayoría de los locales exhiben puertas cerradas, carteles desvencijados y vitrinas polvorientas que evocan tiempos mejores.

Las pocas tiendas que aún resisten, como Togar y Blumin´s, contrastan con la llegada de nuevas marcas como Puma, que intentan abrirse camino en un entorno difícil.

El Conde todavía alberga una variedad de comercios de comida rápida, como pizzerías y locales de hamburguesas, que conviven con vendedores ambulantes y buhoneros ofreciendo todo tipo de productos.