Estos crímenes, de comprobarse, le convertirían en un asesino en serie. Ocurrieron en Quisqueya, en Hato Viejo, Villa Altagracia y Ocoa.

San José de Ocoa, RD21/02/2025 00:00 | Actualizado a 21/02/2025 11:01
Era mediodía del sábado 19 de marzo de 2022. Daylin Darmelin de los Santos Ramírez abordó una motocicleta, la estufa quedó encendida y dos de sus hijos permanecían solos en casa.
Condujo a la residencia de Nazario Mercedes, a quien conocía como Miguel El Maestro, con la finalidad de asistirle en la cura de un pie que tenía afectado debido a un accidente laboral.
Una vez allí, en el domicilio ubicado en el callejón parte atrás del sector Juan Luis, municipio Rancho Arriba, de la provincia San José de Ocoa, Nazario la tomó por el cuello, logrando estrangularla hasta causarle la muerte.
Antes del hecho, ambos establecieron un vínculo de vecinos que trascendió a otros encuentros, según la investigación que desarrollan fiscales.
Tras ese hombre poco comunicativo y que no socializó mucho en la zona se escondían las acusaciones de ser el homicida que acabó con la vida de Yanet Castillo en 1995; Diana Carolina Lorenzo en 2008; la de Rosa María Peralta, que sobrevivió gracias a intervención de terceros en 2014.
Estos crímenes, que de comprobarse le convertirían en un asesino en serie, ocurrieron en el municipio Quisqueya, de la provincia San Pedro de Macorís, en tanto que el tercero en Hato Viejo, Maimón, de Monseñor Nouel.
Continúo burlándose de las autoridades judiciales cuando pernoctó en Rancho Arriba en 2022, sumando una cuarta víctima a su prontuario e inmediatamente abandonando el área para llevar luto a otros lugares.
Volvió a aparecer en el tablero al año siguiente con el homicidio de una haitiana sin datos registrados, en el distrito municipal de San Luis. Una racha de impunidad que acabaría en noviembre de 2024, cuando se determinó la privación de libertad mientras intentaba ocultar el cadáver de Yéssica Figueroa en Villa Altagracia, quedando detenido en flagrante delito.
Este apresamiento permitió que sea judicializado en instancias distintas, una vez le fue dictada resolución de tres meses de prisión preventiva a cumplirse en el Centro de Corrección y Rehabilitación (CCR) Najayo-Hombres.
Ahí es cuando las autoridades de San José de Ocoa aprovechan el momentum para crear responsabilidad de un caso que había tenido escasos avances en los primeros dos años.
“Se daba un problema que era bastante básico y que es común en las comunidades apartadas. Cuando esa persona llega al municipio de Rancho Arriba, llegó sin que se tuviera ningún tipo de referencia de él. Incluso para nosotros conseguir el nombre se nos dificultó, porque tampoco las personas allegadas a la víctima lo manejaban”, dijo Francis Valdez, procurador fiscal, titular de Ocoa, en vista de la tardanza de presentar la acusación.
“Pudimos conseguir el nombre y a partir de ahí obtener una orden de arresto; pero ya como ustedes saben, ahí entonces inicia una labor con la finalidad de localizarlo. No teníamos su cédula de identidad, que hubiese facilitado la posibilidad de localizarlo y apresarlo”, agregó
fantasma
Nazario Mercedes vestía de abrigo, portaba lentes y sombreros. Mantenía el rostro cubierto y una personalidad incógnita que le hacía ver como un tipo poco instruido en una localidad donde no era local.
“Es una persona que no le gusta crear vínculos en la comunidad donde está, y evidentemente a partir de todo lo que se ha destapado ahora, sabemos a qué se debe esa actitud que él mantuvo en esa comunidad”, manifestó Valdez.
Este perfil construido alrededor del feminicida es corroborado en preguntas a miembros de la familia de Daylin Darmelin, en primera instancia, dicho por su madre, Bilexis Margarita Ramírez Santana.
“A ese señor no lo conocía. Lo llegué a ver una o dos veces, no le conocía el rostro. Incluso, él siempre vestía con un gorro, abrigo y a veces con unos lentes, que no se le veía el rostro. No llegué a convivir con él, no tuve amistades”, dijo.
Alguien que sí le conocía es Darliza, hermana menor de la víctima, que sostuvo conversaciones con el presunto asesino, en las cuales dejó a entrever fascinaciones con la mujer casada y madre de cuatro hijos.
“Yo era la que más lo conocía, nos sentábamos a hablar y me contaba de mi propia hermana. Me decía: ‘no sé por qué ella está con ese hombre, y no se fija en mí, que le puedo dar todo’”, cuenta.
De esas propuestas ruidosas también se incluye en sus contactos con Nazario, teniendo la anécdota de cuando a ella misma le sorprendió insinuándose.
“Estaba donde mi hermana una noche y empezó a llover, él estaba sentado y yo decía: ¿cómo me iré a mi casa con este tiempo de agua? Él me dijo, ´tú te puedes quedar en mi casa, allá hay toallas y panties de mujer. Te puedes bañar y acostarte allá’”.
