La petición por un nuevo juicio se debe a unas pruebas presentadas por un fiscal en las redes sociales

Diario Libre USA

Los familiares de los Lyle y Erik Menéndez pidieron un nuevo juicio luego de éstos cumplir este miércoles más de 30 años de cárcel, argumentando que fueron víctimas de abusos sexuales de parte de sus padres antes de que los hermanos los asesinaran.

Los hermanos Méndez fueron sentenciados a cadena perpetua sin libertad condicional en 1995 en un juicio extenso y muy publicitado que mantuvo a los Estados Unidos cautivo e hizo que los hombres fueran conocidos por el asesinato de José y Kitty Menéndez.

De acuerdo al New York Post, más de 20 familiares asistieron al Centro de Justicia Penal Clara Shortridge Foltz de Los Ángeles, donde afirmaron que los hermanos fueron víctimas de una «crueldad indescriptible» a manos de su padre. Indicaron que el sufrimiento de estos fue ignorado durante el juicio de 1993 porque la humanidad no había reconocido que los hombres podían ser víctimas de abuso sexual.

«Si fueran las hermanas Menéndez, no estarían detenidas. Hemos evolucionado y es hora de que sean liberados. Como tantos otros, me cuesta procesar la pérdida de ese día y el dolor que sentí. Con el tiempo, quedó claro que había otras dos víctimas, mis primos, que seguirían siendo víctimas de un sistema que no los escuchaba y de una cultura que no estaba preparada para escucharlos», dijo a los periodistas Anna María Baralt, sobrina de José Menéndez.

Añadió: «Se burlarían de ellos, los llamarían asesinos a sangre fría, los dejarían en la cárcel pudriéndose sin esperanza de redención».

Por otro lado, Joan Vandermolen, de 93 años, hermana de Kitty Menéndez, también dio declaraciones.

«Como su tía, no tenía idea de la magnitud del abuso que sufrieron a manos de mi cuñado. Ninguno de nosotros lo sabía. Pero al mirar atrás, puedo ver el miedo que su padre les infundió», dijo a la multitud.

«Si fueran las hermanas Menéndez, no estarían detenidas. Hemos evolucionado y es hora de que sean liberados. Como tantos otros, me cuesta procesar la pérdida de ese día y el dolor que sentí. Con el tiempo, quedó claro que había otras dos víctimas, mis primos, que seguirían siendo víctimas de un sistema que no los escuchaba y de una cultura que no estaba preparada para escucharlos», dijo a los periodistas Anna María Baralt, sobrina de José Menéndez.

Añadió: «Se burlarían de ellos, los llamarían asesinos a sangre fría, los dejarían en la cárcel pudriéndose sin esperanza de redención».

Por otro lado, Joan Vandermolen, de 93 años, hermana de Kitty Menéndez, también dio declaraciones.

«Como su tía, no tenía idea de la magnitud del abuso que sufrieron a manos de mi cuñado. Ninguno de nosotros lo sabía. Pero al mirar atrás, puedo ver el miedo que su padre les infundió», dijo a la multitud.