Un año y ocho meses lleno de citas médicas, días sin dormir, llorando y orando para que Dios hiciera un milagro en su niña, quien padecía Niemann Pick.

Anlly MateoSanto Domingo, RD18/09/2024 00:00 | Actualizado a 18/09/2024 00:00

El sueño de Carolina Medina, una joven de 31 años, oriunda de San José de Ocoa, era ser madre de una niña para dedicarse en cuerpo y alma al cuidado de ella y cumplir con lo que desde pequeña había idealizado. Creyó haberlo logrado cuando se enteró que estaba embarazada de una bebé a sus 21 años, sin saber que una enfermedad sin cura ni tratamiento la marcaría para toda la vida. 

A su primer retoño, que pensó en principio que sería el único, la llamó Mía Isabella, “la niña más dulce, esperada y deseada por sus padres, amigos y familiares”.

Mía llegó al mundo a las 38 semanas, el tres de julio de 2014. Nació en la Plaza de la Salud. No lloró al nacer, como es lo normal. Presentó una dificultad respiratoria de la que todos desconocían la razón. Permaneció 11 días interna.

“Yo era madre primeriza y no me di cuenta de que la niña tenía esa dificultad hasta tres días después de nacida, cuando me levanté bloqueada y bastante alterada porque quería verla y casi llegaba el momento de irme a casa”, narra Medina acongojada.

Llena de aparatos, sedada, con los pulmones llenos de líquidos y la vida pendiendo de un hilo, en esas condiciones conoció a su niña. La apreció por sólo cinco minutos en los que no podía tocarla y mucho menos, cargarla.  

Luego de ese encuentro, la madre relata: “Fueron días en los que no comía ni hablaba con nadie, lloraba muchísimo, quedé como en un limbo, no me daba cuenta si era de día o de noche; yo no era yo”.