Un grupo de mujeres republicanas caminan entre vallas de hierro y alambre de púas recorriendo bajo el sol un edificio del condado de Maricopa, en el estado de Arizona. No es una prisión, sino un centro de votación para las presidenciales de Estados Unidos.

Fuera de la sala donde se contarán los votos por la demócrata Kamala Harris o el republicano Donald Trump el 5 de noviembre, Stephen Richer, registrador del condado, saluda a las integrantes de Mujeres Republicanas Ahwatukee, una organización de base en este estado clave del suroeste, mientras firman una planilla y se acomodan en sillas plegables.

«Habrá mucha presión sobre Arizona porque podríamos decidir el destino del mundo libre en noviembre», les dice Richer. «Sé que por eso habrá muchas preguntas», remarca este funcionario republicano.