«Durante el viaje comen galletas, paté y cuscús», expresó la periodista nigeriana Marie Louise Ndiaye

Hace más de seis meses que salieron desde Mauritania en una yola de 40 pies de eslora. No se sabe en qué punto de su travesía murieron. Hace seis días, encontraron sus cadáveres en las costas dominicanas.
Durante esos seis meses de ausencia, los familiares de los africanos que iban en esa embarcación vivieron con la incógnita. Desde hace seis días, sufren el dolor de su muerte.
Ibrahima Khaliloullah Wade es uno de esos familiares que unos meses atrás perdieron de vista a uno de los suyos. Diario Libre contactó con él para hablar sobre su sobrino, Sidane Wade, el cual murió en algún punto del Atlántico. Su documento de identidad fue encontrado en la embarcación.
«Deseamos la repatriación del cuerpo de Sidane para que su alma descanse en paz», comentó a Diario Libre.
Nadie sabía de su plan»
Él iba a cumplir 24 años el 10 de octubre. Tenía toda una vida por delante. Vivía en MBane, una localidad al norte de Senegal. Su familia vivía justo por encima del umbral de la pobreza y para salir adelante Sidane tenía varios trabajos. «Sidane era sastre al mismo tiempo que taxista. Hizo un poco de vendedor ambulante pero no por mucho tiempo», expresó su tío.Su pasión era el fútbol, lo cual «hacía muy bien». En ocasiones, en sus tiempos libres, acudía al lago Guiers para darse un baño. Allí aprendió a nadar.
Tenía un hijo de cinco años y estaba separado. En su interior había un deseo y una necesidad de ayudar a su familia. Por esto decidió ir a España. Sin embargo, no le contó a nadie sus planes. Ellos, los que huyen de su país, generalmente no avisan.
«Nadie sabía de su plan de viaje a España«, expresó su tío.
Los contrabandistas compran la comida
Cuando Sidane tomó la decisión de abandonar su país y llegar a españa en un bote, tuvo que empezar ahorrar para pagar el viaje. Los contrabandistas marcan el precio.
Según Boubacar Seye, presidente de una ONG senegalesa que ayuda a buscar a familiares perdidos, los contrabandistas «suelen pedir alrededor de un millón de francos, como 1,500 euros».
Así pues, Sidane reunió ese dinero y finalmente abandonó la costa entre el 22 y el 23 de enero. Los viajeros estaban decididos a llegar en unos días a tierras españolas. Según su tío, Sidane «no conocía» a los otros viajeros de la embarcación.
