Es una respuesta a las elevadas exigencias de los clubes de la MLB ante aumento de inversión

Nathanael Pérez Neró

Es un partido de la plataforma Big Prospect League (BPL) que tiene lugar en un complejo enterrado en esta comunidad rural de Monte Plata, en medio de bosques, de mucha agricultura, de vacas y aves. No hay cazatalentos, pero la mínima acción en el terreno, desde cada lanzamiento del pitcher hasta un swing o jugada entre las bases, es recopilada con cámaras de última generación para alimentar una base de datos a la que los 30 clubes de las Grandes Ligas dan un exhaustivo seguimiento.

Estos niños de entre 13 y 15 años de edad de los programas Otro Nivel y Javier Rodríguez son monitoreados con el sistema TrackMan, la misma tecnología que se utiliza en las Grandes Ligas para medir las rotaciones de las pelotas, la extensión y ángulos del brazo del pitcher, el «veneno» de un lanzamiento o la velocidad en el corrido de las bases.

Es información fina la que arrojan los radares, comprimida por sistemas informáticos, de muy alto valor para los equipos definir la inversión que realizarán en potenciales peloteros de la MLB.

Rodríguez supera las tres décadas desarrollando jugadores, de nivel tal como Rafael Devers y César Valdez. Cuando arrancó en el negocio, además de la vista de halcón para identificar las condiciones atléticas de un joven, disponer de un radar de manos, un cronómetro básico y una libreta de anotación era todo lo que necesitaba para armar un expediente y presentarlo a los equipos.

Pero ya a los clubes no se les convence con argumentos de proyección o la fama de «ojo de águila» de un entrenador o scout. Hay que mostrarle métricas, de equipos certificados y si no se dispone de las herramientas que se utilizan en la industria para trabajar el producto se compite en desventaja.

«Lo que nos lleva a recurrir a esta tecnología es que ahora mismito todos los equipos trabajan con ella, usan esa base de datos; de ahí obtienen la velocidad del swing, la velocidad en que la bola viaja, ángulo de bate, spin rate, la rotación de la bola… si uno no está actualizado y sabe a quién va a andar mercadeando estamos jugando a la ciega, la ventaja va a ser de ellos (clubes) si uno no qué tiene», dice Rodríguez a DL.

Rodríguez no es una excepción. Los principales programas de desarrollo se han visto obligados a comprar tecnología o asociarse con suministradores de estas.

Rob Plummer, un estadounidense que fue clave en la valoración de los prospectos dominicanos cuando tomó el caso de Ricardo Aramboles en 1997 y trabajó en firmas como Willy Aybar y Miguel Sanó, opera una empresa que suministra el software. Los entrenadores, como Rodríguez, adquieren el equipo, pero necesitan del sistema operativo y de un técnico que lo maneje.

De ahí que partidos de plataformas como la BPL, dirigida por Osiris Reynoso y asociada con Plummer, sean atractivos para los desarrolladores de talentos colocar a sus jugadores allí.

La velocidad y la rotación

El spin rate (velocidad de rotación) es la tasa de giro de un lanzamiento, o cuanta veces la pelota rota de camino al home plate, que puede hacer que el bateador conecte más hacia el suelo y convertir el batazo en más manejable. Es medido en revoluciones por minutos (RPM). 

Dos pitchers que lancen a 95 mph pueden tener velocidades de giro drásticamente diferentes. En el béisbol de hoy, la velocidad es oro molido, pero la rotación y el control disparan ese valor. Una bola rápida promedio de la MLB hace 2,200  rpm en su camino hacia el plato.

El dispositivo

El TrackMan utiliza una serie de tecnologías revolucionarias para rastrear y registrar con precisión milimétrica una cantidad de variables medibles en un esfuerzo por determinar si esas inconstantes, o una colección de ellas, pueden ayudar a discernir una mayor probabilidad de éxito futuro.

«Ese lanzador tiene un spin rate en 2,600», apunta a su laptop Oscarlin Rosario, que opera el TrackMan. «Está por encima del promedio y tiene una velocidad a 91 millas (por hora), esto indica que el pitcher está lanzando de una forma correcta y con muy buena velocidad». 

Una vez termina el partido, toda la información de las acciones del juego quedan almancenadas en la nube.