Una iniciativa circular de reciclaje ha retirado del afluente 13 toneladas de desechos plásticos

El Día Mundial del Medio Ambiente se conmemora este 5 de junio con el recordatorio de la incidencia en el país de grandes problemas ambientales, entre ellos la contaminación por plástico, que ha encontrado en Santiago un frente, conformado por organizaciones sin fines de lucro, empresarios y comunitarios, que busca disminuir su presencia de un importante río de la provincia.
El “Proyecto circular de reciclaje de plásticos en comunidades aledañas al Monumento Natural Saltos de La Tinaja”, es impulsado desde hace dos años por el Jardín Botánico de Santiago y la Fundación Saltadero, una organización sin fines de lucro que durante años ha fomentado la conservación del río Jacagua, cuyo entorno fue convertido en el monumento natural en 2010.
A la fecha, la iniciativa que incide en ocho comunidades: Jacagua Arriba, Jacagua al Medio, El Níspero, El Play, Los Higos, Palo Alto, La Búcara y El Empalme, ha sacado del río 13 toneladas de plástico.
Plásticos por papel
José Dolores, director operativo del Jardín Botánico de Santiago, explicó a Diario Libre que la iniciativa surge al observar grandes cantidades de plástico a lo largo de los 28 kilómetros del río.
Indicó que, ante el problema de contaminación, nació la idea de intercambiar los desechos que son recolectados en el río por kits de papel (servilletas, papel de baño y papel toalla), donados por Concaribe, una fábrica en donde Almonte funge como ejecutivo.
Ocho meses después la iniciativa se suma al Programa de Pequeños Subsidios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para obtener financiamiento y dar más alcance al proyecto.
¿Cómo funciona el intercambio?
El intercambio de plásticos por kits de papel es realizado entre una y dos veces al mes. Durante un recorrido hecho por reporteros de Diario Libre en Jacagua Arriba, se observa un camión de los desarrolladores de la iniciativa, recogiendo sacos de plásticos acopiados por los comunitarios a quienes se les da el incentivo tras anotar su nombre, la cantidad de sacos y kits otorgados.
“Al principio habíamos puesto un límite, que era una funda de 20 o 25 botellitas por un kit, porque eran tres o cuatro familias, ahora tenemos cien que están en este tipo de intercambio, al ver el volumen, hemos puesto un saco o funda por el mismo kit. Se estimaba unos 1,500 kits para el proyecto, ya hemos superados los 2,500 kits”, sostuvo Dolores.
Además del plástico recolectado para el intercambio, la fundación tiene unas 18 personas, algunos empleados del Jardín Botánico que los lunes, miércoles y viernes realizan labores de limpieza en el afluente.
¿A dónde va el plástico?
Tras su recolección, el plástico pasa a un almacén ubicado en los terrenos del Jardín Botánico en donde se clasifica y se envía a varias empresas aliadas del proyecto. Para facilitar el traslado, los desarrolladores cuentan con una compactadora donada por una de las compañías.
Una de las empresas que recibe el plástico se encarga de triturar el residuo para luego convertirlo en mangueras empleadas para el riego de cultivos, algunas de las cuales son donadas al Jardín Botánico para sus operaciones, según explicó José Dolores. Añadió que luego de entrar al Programa de Pequeños Subsidios se hizo «un acuerdo con dos empresas a las que enviamos el PET duro y las botellitas”.
Sostuvo que además de tratar el plástico, buscan trabajar con cartones, que también es una problemática en el monumento natural.
“Nosotros quemábamos el plástico”
Durante un recorrido por Jacagua al Medio, Olivia de León, que tiene 22 años residiendo en la comunidad, recibió a los reporteros de este medio para contar cómo su negocio se convirtió en el primer centro de acopio de la iniciativa.
“Yo trabajo en grupos; pertenezco al grupo de la iglesia y uno como grupo siempre prefiere que las cosas marchen bien. Al ellos (la Fundación) entrar acá hicimos el acuerdo de nosotros guardarle el plástico a ellos, porque nosotros lo quemábamos antes”, narra la mujer.
Sobre el incentivo, resalta el interés de los comunitarios al punto de conocer a vecinas que recorren hasta dos kilómetros para recolectar el residuo, sin embargo, destaca que la entrega de los kits ha sido menor, una situación causada por la baja producción de papel, según lo explicado por el director del Jardín Botánico.
