David Ortiz solía escupirse en sus guantillas durante sus turnos al bate

Los actos de brujerías reinan entre los peloteros

Afirmar que el béisbol es un juego lleno de supersticiones es la pura verdad y no sería una primicia decir que la brujería es parte esencial entre los protagonistas de este pasatiempo.

Ustedes recuerdan la Serie Mundial del 2004, cuando los Medias Rojas enterraron la «Maldición de Babe Ruth», el equipo se apoyó en una mascota humana: Nelson de la Rosa, lo que fue considerado como una superstición extrema.

Nelson de la Rosa de una estatura de 54 centímetros, se hizo amigo de Pedro Martínez y fue adoptado como el amuleto de buena suerte para que Boston ganara su primera Serie Mundial en 86 años. Durante el desfile de los campeones de la Rosa y Martínez desfilaron juntos.

Un paseo por las creencias de los peloteros estaba la de David Ortiz, que siempre colocaba el bate en una pierna, luego escupía su mano derecha y aplaudía antes de entrar a la caja de bateo.

Ryan Zimmerman, se bañaba siempre en la misma ducha.

Chris Davis, no salía al terreno sin cepillarse.

Andy Pettitte, siempre escuchaba el soundtrack de la película Rocky.

Wade Boggs, solo comía pollo antes de cada juego, y además su ritual consistía en despertar cada mañana a la misma hora, la práctica de bateo la comenzaba a las 5:17 en punto y corría todos los días 16 minutos antes del juego.

Larry Walker, usaba el 33 en su uniforme y los swings que hacía en cada una de sus oportunidades durante las prácticas eran tres, seis, nueve y doce.

Jesús Rojas Alou hacia varias veces la señal de la cruz antes de llegar a la caja de bateo.

Ricardo Carty entregaba su bate a la Virgen de la Altagracia.

Jason Giambi, tenía un arma secreta con la que creía acabar el mal rato a su ofensiva. Usaba una tanga dorada para romper con sus slumps.

Roger Clemens comenzó a hacer una rutina antes de tomar la loma del Yankee Stadium. Acudía a la placa conmemorativa de Babe Ruth en el Memorial que se encuentra detrás de jardín central. Ahí, limpiaba el sudor de su frente y lo embarraba en la placa de ´El Bambino´.

Los lanzadores Mike Cuellar y Luis Tiant, les pedían a sus respectivos managers que no los pusieran a lanzar el uno contra el otro, porque ambos eran amigos y devotos de la Virgen de la Caridad del Cobre. Tiant iba al estadio fumándose un tabaco, vestido de blanco de pies a cabeza, con una cadena de oro puro de la Virgen y un relicario. Cuellar no dejaba que nadie tocara la bola cuando iba a lanzar.