Los colegios electorales de esta zona humilde del país funcionaron con normalidad y civismo

Las elecciones no son solo en la capital, se celebran de norte a sur y de este a oeste de República Dominicana. El voto es importante en todas las localidades, pero en algunas el panorama es completamente distinto al que se encuentra en zonas acomodadas del país.
La escuela primaria Juan Pablo Pina, ubicada en San Cristóbal, es un ejemplo. Su humilde entrada, sin lujos ni comodidades, da inicio a un recinto que alberga nueve colegios electorales. Allí, las zonas de votación se encuentran en unas aulas ubicadas alrededor de un patio interior en mal estado: con basura y objetos rotos en el suelo. Las paredes son naranja, de una pintura que está desgastada, y las urnas de cartón no rompen la estética del edificio, como pasa en Piantini o en Naco, en el Distrito Nacional.
En la escuela primaria Juan Pablo Pina, una urna de cartón pasa desapercibida. Al igual que los censados: gente humilde, normal. Ellos votan en un colegio lleno de escombros a unos candidatos que lo hacen en sitios donde el cartón resalta por su poca elegancia.
Ambiente pacífico
El día transcurre con total normalidad. El calor no ha impedido que la gente se acerque a ejercer su derecho y las urnas se ven medio llenas. En algunas aulas, algunas personas hacen cola para votar. Otras están vacías. El ambiente es agradable, el de un país que ya empieza a acostumbrarse a elegir soberanamente a sus representantes.
El sol, contra los votantes
Un poco más allá, se encuentra el colegio Manuel María Valencia, con 11 colegios electorales. En San Cristóbal no hay ni una nube y el sol aprieta. Jeny Brito, de la Cruz Roja, se encuentra junto a sus compañeros descansando bajo la sombra de un árbol. «Hemos atendido a 6 personas por golpes de calor y mareos», explica a Diario Libre.
