Actualmente, en República Dominicana hay 32 especialistas en manejo del dolor, a pesar de que las estadísticas estiman uno por cada 15 mil habitantes

Claudia Fernández

Cuidados paliativos y manejo del dolor: ¿cuáles alternativas tiene el paciente en nuestro país?

Imagínese salir de una cirugía tras un proceso de trauma o padecer una enfermedad terminal que le causa un dolor extremo y no saber qué hacer o a qué método acudir para calmar los fuertes padecimientos.

Bethania Martínez, presidenta de la Asociación Dominicana para el Estudio y Tratamiento del Dolor y Cuidados Paliativos, explicó que una de las principales trabas que enfrentan los pacientes, especialmente los que habitan en zonas remotas, es el difícil acceso a medicamentos fuertes que les alivien el dolor, ya que la mayoría de los que hacen esta labor entran dentro de la categoría de opioidescontrolados por la Dirección Nacional de Drogas (DNCD).

«Un paciente que está en dolor crónico, que tiene una enfermedad oncológica, ¿con qué medicamentos tratamos los síntomas?», con esta pregunta inició la conversación durante la visita de Martínez a Diario Libre.

La especialista aboga por la utilización de «fármacos que hagan sentir bien dentro de su cuadro y mejoren la calidad de vida para el paciente, en bajas dosis adecuadas, en procesos quirúrgico y transquirúrgico».

La galena aclaró que los analgésicos de uso común, como el acematinofén o paracetamol, solo se pueden recetar por un máximo diez días, pero en el caso de los pacientes crónicos, la enfermedad y el dolor continúan por un tiempo prolongado o hasta el final de sus días.

Martínez fue muy enfática en la necesidad de una evaluación periódica por un personal calificado que sepa si el paciente puede recibir el fármaco, quién califica o no, ya que aquellos con predisposición a la adicción no deber ser expuestos para evitar efectos indeseados.

Un ejemplo de opioide débil que citó fue el uso de Tramadol, que bajo las guías correctas, «tiene más beneficios con un buen uso que algo malo cuando lo llevas mal».

En el caso de esos medicamentos controlados debe pasarse un proceso de «titulación en el paciente», es decir, habituar el cuerpo a tolerar la sustancia y no ingerir los miligramos recetados de golpe, sino dosis fraccionadas para evitar efectos secundarios como náuseas, vómitos y delirio.

La experta en manejo del dolor aboga porque el Tramadol sea despenalizado en su fiscalización en sus presentaciones combinadas con acetaminofén, diclofenaco y paracetamol para facilitar el acceso a los pacientes de las provincias.

«El medicamento es una necesidad para poder dar calidad de vida. La molécula, la gente tiene que conocerla, no tenerle miedo, siempre bajo la guía de un médico autorizado para las prescripciones», afirmó.

Oncológicos en la misma área

La anestesióloga criticó que, a nivel público, en el país «solo hay dos centros oncológicos y en la misma área», refiriéndose al Hospital Heriberto Pieter y el Instituto Nacional del Cáncer Rosa Emilia Sánchez Pérez de Tavares (Incart), ambos en la Zona Universitaria.