Alrededor de 120 familias se han presentado en carpa de ayuda del penal en procura de sus parientes

Jusety Pérez

Tras el incendio que cobró la vida de al menos 13 personas y dejó 11 heridos el pasado lunes 18 de marzo en la Penitenciaría Nacional La Victoria, 1,125 reclusos han sido trasladados a otras instalaciones de detención.

Ante las condiciones del plantel, estos presos han sido llevados a los centros ubicados en San Pedro de Macorís, La Vega, Higüey, La Romana, Elías Piña y Haras Nacionales.

La situación a nueve días del trágico suceso es desgarradora, ya que muchos familiares desconocen el paradero de sus seres queridos. Sin embargo, otros han podido verlos, aunque sea a través de una verja. 

Según el director de Prisiones, Roberto Hernández Basilio, un total de 120 familias han acudido a la mesa de ayuda física ubicada en la entrada de la cárcel en procura del paradero de sus parientes. 

A pesar de que el lunes las autoridades de La Victoria habían limitado el pase de artículos y enseres personales a los familiares de los reclusos, solo permitiéndoles el pase de comida cocinada, este martes pudieron ingresar alimentos y otros objetos hacia el centro de reclusión.

Madres, padres, hermanos y hasta amigos de los presos, acudieron desde tempranas horas de la mañana con sus bultos repletos de comida, ropa, pasta dental, jabón y hasta cartones de huevos, con la intención de que sus presos tengan los artículos de primera necesidad. 

Madre perdió las esperanzas 

Con el corazón lleno de incertidumbre y pocas esperanzas, una madre volvió por octavo día consecutivo a la Penitenciaría Nacional La Victoria en busca de noticias sobre su hijo, sin tener ningún indicio desde el trágico incendio.

Carmen Fernández expresó su desesperación ante la situación, ya que ha agotado todo el proceso de investigación, tanto en la penitenciaría como en el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif).

«No se sabe, no dicen nada, pero para mí que él está quemado, porque nadie me dice nada», expresó con visible preocupación.

A pesar de su estado de salud y la falta de fuerzas, la señora ha amanecido en las afueras de La Victoria con la esperanza de obtener alguna respuesta sobre su hijo, a quien identificó como Gustavo Fernández.

Sostuvo que Gustavo llevaba cuatro años preso y que se encontraba en una de las celdas que quedaron totalmente quemadas.