Comandos de Hamás atacaron desde la Franja de Gaza y dejaron cientos de civiles muertos en Israel, también hirieron el orgullo de un país que se creía el más seguro del mundo

El festival Tribe of Nova de música electrónica fue convocado como un llamamiento a la paz entre Israel y Palestina, pero acabó en la ruta contraria, con la muerte de 364 jóvenes a manos de comandos del grupo islamista palestino Hamás, que ese sábado, 7 de octubre, entraron a Israel desde la Franja de Gaza a matar y provocaron el día más sangriento en suelo del Estado israelí.
Eran las 6:30 de la mañana cuando todo comenzó, pero no sólo se trató de otro ataque terrorista puntual. Esta vez fue algo mayor, porque mientras mataban en la explanada donde se celebró Tribe of Nova, a poco más de un kilómetro con la Franja de Gaza, los comandos de Hamás entraron a varios kibutz (comunidades autónomas de Israel) de la zona por tierra, aire y mar, para igual matar a mansalva a gente que dormía tranquilamente y respetaba su día santo, el sábado.
También lo hicieron en las carreteras de salida, las cuales bloquearon, para matar sus pasajeros a tiros o con bazucas. Igualmente mataron con balas, bombas y granadas en los refugios antimisiles que existen en Israel, donde mucha gente fue a esconderse de los miles de cohetes que también fueron lanzados desde Gaza, la mayoría detenidos por el sistema defensivo «Iron Dome» (Domo de Hierro).
En concreto, Israel estaba bajo un ataque amplio, planificado y bien dirigido desde la Franja de Gaza dentro de su territorio. Eso para este país se convirtió en su propio 11 de septiembre.
¿Por qué ir a Israel?
Escribiré estos reportajes en primera persona, porque esta fue una experiencia personal, además de profesional. Fui a Israel invitado por ese país, en conjunto con periodistas de otros cinco países de América Latina, porque ese país está ávido de explicar sus razones para su virulenta reacción en Gaza, estemos de acuerdo con ella o no.
No entré a Gaza, no porque no quise o no me atreví, sino porque no se puede, a pesar de que la solicitud se hizo. Israel y Egipto tienen cerrados los accesos, y, si se lograra pasar de forma irregular, allí dentro Hamás no permite la actividad de quienes no sean de su confianza y no garantiza la seguridad. En lo personal, si Hamás me invita, voy y los escucho encantado de la vida. Eso no ha ocurrido, así que aquí leerán lo que encontré en Israel, aquello que entiendo que tiene argumentos para evaluar, no mera propaganda, la cual detecto muy bien tras 30 años como periodista, cinco como corresponsal en Cuba.
Entender el país
Contrario a lo que percibimos desde el Caribe, Israel no es un monolito ideológico, racial o religioso, y es importante entender ese dato para poder opinar.
Lo cierto es que Israel es una democracia funcional, donde impera todo tipo de opiniones, desde las más extremas hasta las del centro. Igualmente no hablamos de una sociedad dominada por el judaísmo ultraortodoxo.
La población total de Israel al cierre de 2023 fue de 9,842,000 personas. Se espera que alcance los 10 millones este año. Sepa que el 21.1 % de esa población es árabe, cerca de 2.1 millones. Si lo vemos por religiones, el 18 % del país es musulmán, el 2 % cristiano y el 2% es druso, una secta del Islam. Dentro de la población israelí, 44 % se identifica como secular, 33 % como tradicionales del Judaísmo, 12 % como practicantes y 11 % ultraortodoxos.
Esos son datos oficiales y es lo que uno ve aquí, una diversidad que nos cuesta creer desde nuestra visión occidental de cómo es este país.
Así que entender esa mezcla es fundamental para poder captar lo que provocó el golpe de Hamás y sus secuelas.
El golpe a la seguridad
El 7 de octubre de 2023 demolió el sentido de seguridad que tenían los israelíes y mató el espíritu de convivencia pacífica al cual aspira la mayoría de la población.
El muro inteligente que separa a Gaza de Israel fue violentado, las fuerzas militares tomadas por sorpresa, la Cúpula de Hierro fue sobrepasada y los sistemas de seguridad abrumados por el ataque de Hamás, que se cree usó, como mínimo, 2,000 efectivos ese día, además de lanzar cientos de misiles en un lapso de pocas horas.
Estuvimos a un kilómetro de la frontera con Gaza, lo más cerca que permite el Ejército de Israel a aquellos que reciben permiso. Estamos en el kibutz Zikim, uno de los que recibió el ataque directo por mar de Hamás. Los vecinos dormían y se despertaron con el intenso tiroteo, que, para su fortuna, les favoreció a las fuerzas navales israelíes. Allí hubo heridos por los disparos, pero no murió nadie, lo que sí causó el evento es un antes y después en las relaciones entre israelíes y gazatíes.
«Esto me ha hecho reflexionar sobre el futuro y si de verdad podremos vivir en paz. He dedicado mi vida a buscar la paz con mis vecinos, que están aquí al lado, cultivando nuestra relaciones, pero ya no sé si vale la pena», me comentó el judío de origen argentino Néstor Felsdchtein, quien por 50 años ha vivido en Zikim, que colinda con el norte de Gaza.
«Ese día atacaron nuestro modo de vida, de comunidades que vivimos en paz, que les damos trabajo a los palestinos, es incomprensible», agregó el hombre, quien vivió cómo los militantes de Hamás usaron las carreteras de su comunidad para adentrarse en suelo israelí para hacer ejecuciones masivas en otras zonas.
Además de sentir que las relaciones con sus vecinos se quebraron irremediablemente, a pesar de intentos de los dos lados de acercarse y vivir en paz, permea en el aire un sentimiento entre los israelíes común su gobierno le falló. «¿Cómo es posible que esto haya ocurrido en el país más seguro del mundo? Porque eso nos vendieron siempre, que éramos el país más seguro del mundo», expresó Yousef, un joven informático de 29 años que participó en una de las constantes protestas en contra del gobierno de Benjamin Netanyahu en Tel Aviv.
