El afán por bajar de peso de manera acelerada llevó a pacientes sin diabetes a inyectarse

Claudia Fernández

En los últimos años, la semaglutida ha alcanzado gran notoriedad por su eficacia para la pérdida de peso, siendo Ozempic, lanzado en 2019, la marca comercial más reconocida.

Este compuesto, clasificado como uno de los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), funciona como sustituto de esta hormona humana, responsable de controlar el metabolismo de la glucosa en el organismo.

Diario Libre conversó con la nutrióloga María Francisca Matos y con Sherezade Hasbún, presidenta de la Sociedad de Endocrinología, quienes explicaron que este producto fue diseñado para pacientes con diabetes tipo 2, con una dosificación específica para ellos.

«La semaglutida es un medicamento que fue descrito en su momento para pacientes diabéticos, muy bueno para bajar de peso, pero, no todo el mundo califica y la gente lo quiere usar indiscriminadamente», indicó Matos.

La obesóloga dietista aseguró que todo paciente debe someterse a pruebas analíticas para ver cómo está su masa corporal y su índice de glucosidad, porque «cada tratamiento es personalizado» y debe ser indicado por su médico, especialmente un endocrinólogo o diabetólogo.

«Los GLP-1 actúan en el vaciamiento gástrico del ser humano, le evita que el paciente coma más, le baja la resistencia a la insulina y le va a favorecer bastante», aseguró.

Mejor tecnología

«Este es un medicamento que, obviamente, se creó luego de muchos estudios de investigación para el control de la diabetes y su glucemia. Los medicamentos, con el tiempo, van buscando la tecnología de que puedan suplir otras necesidades, que no solamente sea normalizar la glucemia. La semaglutida cumple con esos requisitos, porque además de ayudar a normalizar la glucemia, tiene un impacto positivo en el peso del paciente el paciente», indicó Hasbún.

Estos beneficios se extienden, además del control de peso, en disminución de la presión sistólica, protección renal y disminución de muerte e ingreso por fallas cardiacas, motivo por el cual se consumen «con una indicación prácticamente absoluta para los pacientes diabéticos que tienen complicaciones o que tienen alteraciones cardiovasculares», agregó.

«Ese grupo de medicamentos, que ciertamente son costosos, cuando nosotros lo indicamos, lo indicamos para pacientes diabéticos que tengan esas características», destacó.

Aclaró que, aunque está aprobada la molécula en Estados Unidos por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), el producto en farmacias locales «es para un público diabético y la presentación también».

La galena comentó que diversos estudios revelaron que la semaglutida solo bajaba la glicemia en pacientes diabéticos y que el riesgo de hipoglución (bajón de azúcar) era muy mínimo en pacientes no diabéticos, por tanto, se autorizó la comercialización de otro GLP, la liraglutida (Saxenda) que «está comercializado para perder peso y está aprobado para perder peso«.

Hasbún detalló que «las dosis que utiliza el paciente diabético no son las mismas, ni del Saxenda ni del Ozempic, que en el paciente para pérdida de peso. En pérdida de peso, las dosis son mayores, ajustadas y el dispositivo cambia».

El paciente diabético inicia con 0.25 miligramos y va en aumento.

«No es de que me puse un lapicero y bajé de peso, probablemente tenga más efecto la dieta que hice, puede ser efecto placebo«, dijo sobre los pacientes que se autorecetan sin ser diabéticos ni ajustar la dosis enfocada en la pérdida de peso.

Una vez el paciente llega a su meta de peso, debe mantener un estilo de vida saludable con dieta y ejercicio.