POR: DR. FAUSTO MOTA GARCÍA.
«Una democracia es más que una forma de gobierno, es primordialmente
un modo de vida asociada, de experiencia conjunta comunicada» John Dewey.
A la luz interpretativa de la palabra democracia, “Su función primordial es definir reglas que tipifiquen la conducta para una convivencia humana y ordenada en la sociedad. La democracia, persigue el respeto y derecho de la dignidad humana, la libertad y derechos de cada integrante del conglomerado social.
En democracia las decisiones se toman por mayoría y se tiene como norte el servicio colectivo”.
En democracia el poder no debiera residir en nadie en particular, sino entre todos los integrantes del universo. En la modalidad directa, representativa, participativa o en cualquier faceta, el fin de la democracia es representar o dar el poder al pueblo. Nuestro país vive una incipiente democracia, iniciada con la caída de poder del sátrapa Rafael Leónidas Trujillo en 1961. Algunos afirman que afrontamos debilidades prohijadas por aquella larga noche de penumbra que nos obnubiló por seis lustros interminables de luto, persecución y dolor. Y esa cultura antidemocrática la arrastra nuestra sociedad en diferentes manifestaciones y actitudes.
Indudablemente, tenemos que aprender a vivir en democracia y dar el verdadero significado que la misma posee. Líderes, instituciones, comportamientos, simbología y costumbres están permeados todavía por el Trujillismo en nuestro país. Los diferentes estamentos de nuestra sociedad están caracterizados por ese estilo que parece sempiterno. Muchas personas que están al frente de instituciones consideran que las mismas son herencias personales: proponen, disponen, mandan, ponen, quitan, deciden, ultrajan, aplastan, y en modo alguno, consultan ni rinden cuentas. Desde que llegan se hacen eternos, secuestran instituciones, violan estatutos, cambian leyes para su beneficio y se atribuyen prerrogativas y poderes al estilo del Jefe. Mi Dios, después de más de sesenta años, es tiempo de que iniciemos los cambios que necesita la sociedad dominicana.
No crea nadie que hago referencia sólo al Gobierno Central; esa conducta es propia en clubes, juntas de vecinos, asociaciones, partidos políticos, universidades, en consejos de cursos, en aulas, ayuntamientos, en fin, en cualquier lugar donde se elija un JEFE. La reelección es el modelo; y el atropello la conducta a emular. No importa si en la institución se maneja, o no, un solo centavo; si elegimos a alguien, aunque sea un ejemplo de demócrata, prepárese para que lo vea convertido en Dictador y Tirano…
Esta colaboración constituye una prédica magisterial colaborativa, para que modelemos y ejercitemos conductas democráticas y participativas en el aula, hogar, con nuestros hijos, amigos y allegados. Pues una cosa es tener autoridad; y otra es, ser autoritario y déspota. Iniciemos ya a vivir en democracia, tal como expresaba Aldous Huxley en su inefable obra, Un Mundo Feliz “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes obtener hoy”.
Y tengamos presente que categoría y trascendencia, no necesariamente, vienen dadas por posiciones directivas, ponemos como ejemplo, que Jesús, el Divino rabí de Galilea, no fue emperador, y es “Rey del Universo”, Duarte no llegó a ser Presidente, y es, “Padre de la Patria”, Neruda tampoco fue Presidente y forma parte de la historia universal y Pedro Mir no ocupó cargos, y es el “Poeta de la Patria”. Aspiro que estas cuartillas estimulen a una sana convivencia democrática en la República Dominicana. ¡Qué así sea!

