Por: Pedro Almonte.

En los países de la América hispana, se usa la figura literaria de “Elefante Blanco” para definir un objeto o cosa cuyo costo es elevado y al mismo tiempo es, de poca o ninguna utilidad, apoyándose en una tradición de la India, en donde el elefante blanco se usa como una especie de culto religioso, nunca en trabajos forzados.

En el país, particularmente en los grupos deportivos, han bautizado así a aquellas infraestructuras deportivas que se han realizado con una gran inversión inicial en dinero, en terrenos y en tiempo y que, además, se hace en la mayoría de las ocasiones, su mantenimiento inadecuado e inexistente su uso, no cumpliendo así con el fin ultimo para lo que han sido construidas, que es, servir de escenarios de competencias o entrenamientos adecuados.

Ahora bien, en el deporte dominicano, en su dirección y organización también existe el “Elefante Blanco”, un elefante blanco es, todo funcionario deportivo nombrado por los gobiernos, para que dirija cualquier dirección o departamento, que no asiste a la institución y cobra y si asiste, jamás ha realizado un plan o programa que ayude a aumentar la calidad y  el nivel técnico del deporte, que no tiene un norte definido en su trabajo, en fin, que no conoce sus funciones, que ha llegado ahí por compromisos políticos o de cuñas.

Un elefante blanco es, todo dirigente olímpico, inepto, cuyo fin es mantenerse en la cúpula del olimpismo tan solo para aprovechar el estatus que da ser parte de ese grupo elite que jamás ha pensado en el deporte, sino en sus propios intereses.

Un elefante blanco es, todo federado o asociado del deporte, que son virtualmente vitalicios en esas posiciones, que teniendo profesiones u oficios jamás las han ejercido, arguyendo la teoría falsa de, que a esas instituciones hay que dedicarse a tiempo completo y peor aún, no se ven los resultados claros se sus manejos, ni la relación inversión/ resultados positivos.

Un elefante blanco es, todo atleta irresponsable que el Estado invierte en su preparación, en las organizaciones de sus torneos y estos que no cumple sus horarios o con sus programas de entrenamientos, incluso con conductas claramente inapropiadas fuera y dentro de las instalaciones deportivas. 

Un elefante blanco es, el medico deportivo, que cree, por un lado que, la medicina del deporte es tratar lesiones y no concebir programa médicos que aumenten el rendimiento del atleta en cada deporte particular y que mal aconseje a usar sustancias prohibidas para aumentar su rendimiento.

Finalmente decir que, ese movimiento en su conjunto está en el deber y la obligación, por todas esas razones, de convertir los Elefantes Blancos del deporte dominicano, en Toros, lleno de energía, actividad, ideas, planes y programas apoyados en las ciencias del deporte, estables y continuos en el tiempo ( no para un evento), cuyos resultados en todos los niveles del deporte, se vean con los ojos de la cara.