El presidente Lasso declara el Estado de excepción ante la ola de crimen organizado: «En las calles hay un solo enemigo, el narcotráfico».

Era una nación tranquila, pacífica, que veía con horror los crímenes de su vecino Colombia. A los sicarios solo los conocían por las películas de los narcos y jamás pensaron que Ecuador pudiera ser escenario de una matanza de más de cien