Mike Stratton estaba durmiendo cuando lo despertó el sonido de su teléfono.

Era Cassondra Billedeau-Stratton, su esposa, llamándolo desesperadamente porque el edificio donde ella se encontraba en Miami estaba temblando.

Le dijo que desde su balcón podía ver cómo el suelo que rodea la piscina había colapsado dejando un agujero.

Luego la línea telefónica se cortó.

«Era la 1:30 de la mañana. Nunca, nunca olvidaré eso», dijo Mike.